domingo, marzo 09, 2008

en un espacio llamado soledad..

Tenemos la certeza, la absoluta seguridad, que lo que hacemos es lo correcto. En todo los ámbitos; en el trabajo, en la familia, hasta me atrevo a decir que en vacaciones. Lo que yo hago es lo que tengo que hacer y además es correcto. Incluso si lo que haces no tiene nada que ver con los demás, pero claro está, lo haces tú. Y nos permitimos la aceptación de ciertos errores, en una falsa humildad que nos eleva, no sé dónde, pero nos eleva, posiblemente al conformismo del simple. Y llegas a creerte.
Pasan los días, pasa la vida, y a tu manera sigues queriéndote, según las fuerzas. Y avanzas, no queda otra, hacia ese final que nos espera a todos. No recuerdas si lo correcto es el pasado, que, a veces, te reconoce y otras no, pero sí recuerdas que llegaste, aunque ya no cómo lo hiciste.
En mi vida el afecto ha jugado un papel importante. Del amor, pues no lo sé, aunque lo intenté, pero creo que nunca llegué a superarlo. Aún hoy espero ese amor que llene mi vida, que me colme para siempre. Del desamor sé bastante, me matriculé con honores. Con un poco de suerte, por ahí arriba se dan cuenta y me permiten esa compañía, pero bueno, mis esperas ya son calmadas, aprendí tanto en la paciencia.
No se trata de lo que uno deja atrás, creo que se trata de lo que uno conserva, de esa ilusión amorosa que un día te permitió zarpar en mares de sueños y delirios en ideales esperanzados. Ahora me siento yo, ese niño que ha regresado a mi cuerpo, la misma mirada, la misma sensación, en este presente que me ocupa, sinceridad con uno mismo me predico, y seguir caminando, avanzando. Pero no consigo cerrar del todo la puerta, es que nunca se sabe si aparecerá o no, ese amor soñado, ese amor por mí contado.
Lo correcto debe ser saberte, conocerte y aceptarte, tal y como eres, supongo, pero de qué me sirve si no puedo compartirlo, al menos la soledad de mi nueva casa me acompaña, la que nunca me defrauda. La que me ayuda a pensar en los sueños y retos del pasado, los que van llegando, los que diviso a pesar de mis intuiciones adversas, y cómo no equivocarme, si precisamente el error es no cometer errores.
Anoche soñé que dormía contigo, fue al girarme y sentirte en esa patria mía, la de siempre, la de mi niñez, la que me protegía y me hacía hombre, y cómo te amé sueño mío, cómo te amé. Algo de ti había de presente, pues hasta mi soledad te sonreía. Anoche soñé que no soy solo, sino que tú eras mi compañía.
Cómo será saberse en compañía...

Peatón

ecoestadistica.com