domingo, diciembre 30, 2007

Sentido del humor...

Con los años he aprendido sobre nuestras calidades, defectos, inteligencia, emociones que cambian con la experiencia y el pasar de la vida. No existen verdades eternas sobre la vida. Pero sí sabemos que nacemos y morimos. Y que, de momento, nadie ha regresado de un supuesto más allá. Así pues, quién se atrevería a explicar la verdad, y no existe nada tan peligroso como la moral. Sí creo que el peor de los defectos pueda ser la ignorancia, la falta de educación, ese odio que no sirve para nada que no sea perder el tiempo, sinceramente es cruel estar rodeado de idiotas. Esos que no soportan ni su propia vida. Los que no entienden ni jamás entenderán que el pensamiento es independiente. Los que se rigen por esa atroz medida; “tanto tienes, tanto vales”.
Sin percatarme de ello, me exilié a un país lejano, mentalmente hablando, allá donde sólo habitan las ideas. Buscando un lugar, un bienestar que siempre me fue ajeno. Consiguiendo, tan sólo, el reencuentro con mi propia soledad y mi propio desconcierto. En esa cruel dualidad que supone, lo que realmente piensas y lo que la vida te impone. Hasta qué punto necesita un hombre desnudar su alma para llegar a sí mismo. Mi pesadilla nunca fue la búsqueda por sobrevivir y alcanzar los sueños idealizados. Mi angustia era cómo regresar de esos sueños a la realidad de las buenas costumbres del hombre que soy. ¡Qué largo recorrido para un viaje tan corto!
Ciertas personas se reducen a su propia opinión sobre todas las cosas. Opiniones inmutables, opiniones definitivas, opiniones determinantes. Toda opinión es válida si sirve a su propia opinión. Son los que emiten, a bote pronto, un juicio sobre los demás según sus propias debilidades. Los de “qué buenos somos, qué malos los demás”. Los que no van más allá de sus interiores a las orillas de sí mismos. En un destierro constante de su corazón a la piel y viceversa. Te aseguro que no son más que “una puesta en escena de sus propios fracasos”.
Y si te dejas te hacen depositario de todo lo vivido e inconfesable de su existencia. Como si tuvieras la capacidad de comprensión sin límites. Como si tu vida siempre la hubieran marcado los desórdenes y extravagancias. Los que se dirigen a ti intentando hallar una respuesta que les satisfaga. Te callas y sabes que no puedes hacer otra cosa. Porque no escuchan, sólo hablan, y hablan porque no soportan su propio silencio. ¡Y yo que sé si fue antes la gallina o el huevo! Que vayan al origen del mundo y pregunten allá. Cualquiera se atreve a explicarles la diferencia entre naturaleza y las leyes de la matemática.
Existen distintos tipos de sociedades, es obvio. Como el tiempo dejó de ser una magnitud fija, independiente y objetiva, y se hizo relativa. Si soy soñador, el mundo delira. Pero si se tiene sentido del humor, todo lo demás se vuelve secundario. Porque fue el sentido del humor lo que inventó la democracia y no los hombres. Y ahora, sólo ahora, comprendo porqué nunca fui aceptado en el club de la sociedad humana, no soy ignorante y tengo sentido del humor. Claro está que eso de “savoir-vivre” aún se me resiste. Mi imaginario creativo ciega, lo sé, pero ciega al estar entre esta gente. Esta gente que someramente acabo de describir. Así pues, sólo hay que hacer una cosa; mudar de ambiente.
¡Me fui!

Peatón

martes, diciembre 25, 2007

Espacios reducidos...

Más allá de nosotros mismos, nos han llevado al espacio de individualismo, donde mejor se domina al animal salvaje y nómada que siempre hemos sido. La excusa, la única excusa, es el pretexto de mantener la especie, según “ellos”. Qué horror padezco cuando observo a esos animales que nacen en cautiverio. Enjaulados en un espacio, para justificar un orden inventado por un capitalismo desenfrenado que se devora a sí mismo, que nos devora a todos. Para ese individualismo-colectivo utilizan una metodología argumental muy sencilla. Sirviéndose de la publicidad (todas) pues aunque se niegue, la gente sigue viendo televisión, te hacen soñar y desear con aquello que jamás serás, con aquello que jamás tendrás. Y para colmo de los colmos te prometen con indicios muy sutiles la eterna juventud. Te ubican en el ansia del deseo, donde todo será posible mañana, para así hacerte olvidar el presente. Y al olvidar el presente, tu presente, tu futuro les pertenece. Cualquier valor humano no asociado al término rentabilidad, no es más que una quimera. En esta sociedad actual donde lo único que interesa es pasárselo bien, ser guapo, tener todas las necesidades cubiertas, con apariencias de normalidad, al precio que marque e indique el sistema, los espacios vitales y mentales se han reducido. Sólo cuenta el disfrute del momento.
Se trata pues de recuperar el presente, el que nos ocupa a todos. Sabiendo nuestros derechos y obligaciones respecto al logro de una sociedad cualitativamente mejor. En un orden mundial de todos y para todos, aunque la igualdad siga siendo una quimera, sí creo que luchar por ella, puede ser uno de los caminos que hagan viable una sociedad mejor. Pero las teorías culturalistas, hoy en día, se han convertido en sus propios programas: dado que consideran los sistemas simbólicos como mecanismos de denominación encubiertos, su único objetivo es conquistar los discursos apelando a la moralidad.
Creo y estoy convencido, que la razón nos puede guiar a esos espacios comunes a todos. Y no sólo a esos espacios residuales donde se empeñan en aislarnos de la verdadera realidad; la convivencia entre todos. Para fundar mejor nuestra confianza en el mundo y su concepto de verdad, es cierto, necesitamos de los espacios comunes a todos, de todos y para todos.
Tal vez sólo seamos parte de lo acabado en un mundo aún por acabar. De ahí que nos inventemos un más allá que nos aleje de la efímera eternidad a la que pertenecemos. Como inventarse un bosque del cual, vivos o muertos, nunca saldremos. Y eso es lo que importa ahora, tener un bosque donde escondernos, ubicarnos, con sus luces y sombras y sus misterios continuados. Sentirnos parte de la leyenda de la creación humana se hace cada vez más vital. Sabernos incluidos en un espacio que a su vez pertenece al espacio de todos los espacios; la humanidad. Huyendo de las falsas conclusiones que hoy en día nos llevan a decir; “es lo que hay”, en vez de decir; “esto no funciona, no me gusta, voy a cambiarlo”.
“Lo que tomáis por la verdad es un absurdo; no es más que un montón de prejuicios y de vuestra estrechez de miras”.

Peatón

jueves, diciembre 20, 2007

"a sentimiento"

“LA RECETA O EL COMIENZO DE LA POESÍA
Una gota de amor
por cada cinco versos
Tres cucharadas de oficio
por cada día del año
Un cuarto de inspiración
y otro tanto de locura
Un octavo de risa
aliñada con ironía
Media taza de recuerdos
y cuatro de realidad
Dos litros de lágrimas
instantáneas
Una docena de emociones
Cien gramos de fantasía
o de razón a gusto
A todo esto agregue sus ojos
sus manos y sus labios
y revuelva a fuego lento
durante toda la vida “
De vuelta a casa sabiéndome solo. Pensaba en otros tiempos, en otros lugares, pero no encontraba ninguno. El pasado borrado, el tiempo sin estaciones, las manos en los bolsillos y, yo ya no era aquel que soñaba con ese futuro incierto donde se abren los cielos. Recapacitando sobre un pasado, mi pasado, y sólo veía lejanías, algo que ya nunca volvería, ni los amigos, los de toda la vida. Fue entonces cuando comprendí que de amigos, muy pocos había tenido. Pero que como por arte de magia, siempre me sentí acompañado por un ser, alguien que yo sabía que seguía a mi lado. Alguien que cuando era necesario me reprochaba mi conducta, y en otros casos, me alentaba.
Yo necesito reinventar a cada instante, para no caer en los abismos del aburrimiento. Yo necesito la visión de un encuentro con el tiempo, no su fantasma, sino su verdad, porque en cada palabra, en cada infinito de cada palabra, hay pedazos de mí mismo. Ahora sé de mi locura, intenté la verdad, intenté un universo, el de todos los mundos, en un poema. Pero es cierto, ese “ángel de mi guarda” es quien me recuerda a cada instante que; “las estaciones del año son una metáfora de la propia vida.” ¿Quién me acostumbró a la magia de la vida, a sus misterios? Quién no me dejó ver que la vida va en serio, ¿quién?
Del dolor sé algo, dolor de ausencias, de incomprensiones, de soledades, de tristezas, del daño no intencionado. Del daño recibido, de los olvidos precipitados. De las alegrías también, hoy me propuse alegría, eso sí, sin conseguirlo. En un mundo que apenas llego a comprender. Lo sigo diciendo; a mí me lo contaron todo al revés. Y sigues caminando, y sigues pisando según el asfalto. Pues los zapatos son los que son, y lamentablemente no siempre los más apropiados.
Hoy en día no te puedes detener, no nos está permitido, o caminas o estás perdido, o avanzas, o retrocedes, o vives o mueres. Hoy en día sólo existen los momentos, fuera de cualquier contexto, ajenos al tiempo. Una lágrima en un espacio muy especial que sólo pertenece a un recuerdo único. Hoy en día te tienes que ganar el día; el único futuro.
Sin saberlo me detuve, dejé de caminar, absorto en mis pensamientos y noté que alguien me preguntaba; “¿por favor señor, sabría usted decirme dónde está la calle futuro?” No me lo pensé dos veces y casi gritando le contesté; “¡en el día, el futuro está en el día!” La persona, extrañada, me sonrío, como si aprobase mi respuesta y sólo dijo; “gracias, me hace usted un inmenso favor”. Cerré los ojos con fuerza, me los froté con las manos, quería reaccionar, indicarle aquella dirección, pero cuando los volví a abrir ya no estaba.
Son tantas veces que el amor pasó por delante de mis ojos de aquella manera, que sentí que acababa de vivir otra historia de amor, y que de nuevo no lo supe entender. Y la vida, de un día pasó a un momento, a un sentimiento y su nombre latía en mis labios, ¿amor dónde nos encotramos?

Peatón

lunes, diciembre 10, 2007

Irracionalmente inopinado...

Ya no puedo seguir lamentándome, ahora toca organizarme. No recuerdo qué quedó atrás. Salvo aquellos anhelos en que me creí en busca de la verdad. Aquellos refugios de dulces momentos de no hacer nada, salvo trabajar y ver pasar el tiempo. Una extraña historia que, a veces, pienso si realmente pertenecí a ella. Aquí el bien y el mal filtrado por las ausencias y los olvidos quieren llamarse paz, tranquilidad. Y ahora ¡Qué lógica se me antoja la espera! En estos días en que sólo yo estoy conmigo, curándome del veneno de la nostalgia, protegiéndome del abandono. Es “tan grande el silencio que percibo rumores de campanas que no tañen”.
Aunque aún me quede el ansia de ir más allá de cualquier horizonte. Qué sabor tan agridulce y sórdido tiene ahora el sentimiento de la vida. Pero es cierto, sigo amando la palabra recién nacida, en ese impulso irracional que me lleva a los abismos de lo imaginario. Yo pertenezco a los que saben que en el futuro sólo les espera la soledad. A los que buscaron desesperadamente un sabio, bello e imposible método de existir, guiado y conducido por misteriosas señales de amor.
Cuando los días se me antojan segundos, y sé que existe un mañana que domina mi presente, es cuando realmente siento que todo lo vivido hasta ahora, ha dejado de tener sentido. Y no eres más que una hoja muerta a merced del viento de las circunstancias. Pero la nada es tan poderosa que te proporciona dosis de comprensión para cualquier recuerdo y momento del pasado. Ahora lo sé, el tiempo no lo cura todo, el tiempo lo mata todo.
Me siento atrapado en un universo que sólo existe en mí. Al margen de todas las voces, al margen de todos los ruidos. Donde las palabras se evaporan para regresar a los orígenes. Ajeno a las oscuras invenciones de los recuerdos. Pensando irracionalmente inopinado que lo más cierto del mundo, es que el mundo es incierto.
“Que no hay ni ha habido nada importante en esta vida (destino, amor, amistad, felicidad) que sea racionalmente elegible o dominable, ni la vida misma, ni la llamada a ella, ni la muerte.”
¿Existirá un lugar en el tiempo, donde el destino y yo nos podamos poner de acuerdo?

Peatón

domingo, diciembre 02, 2007

Olvidarlo sí, pero no callarlo, para aprender a olvidar…

Olvidarlo, callarlo, no hacer más mención de ello. Sin protestar, sin quejarse. Y que no sepa a “sufrir en silencio”. Asumir la tranquilidad como sustituto de la felicidad. Y es cierto, esto te puede llevar a la sensación de una amarga victoria, que encumbre una vital derrota. Pero decides hacer no importa qué, para convertirte en no importa quién. Y la única verdad es que es la piel la que recuerda, y se estremece. La mejor parte del valor es la discreción, te lo crees, intentas de nuevo la vida, ves pasar las cosas y caminas. Porque piensas que si esta vez intentas comprender el presente, puede que pierdas el futuro. Tus luchas, tus amores, tus eternos duelos internos. Y es que, a veces, el dolor es físico, como lo es la fatalidad.
No sé si existe algún destino para los amores contrariados, no lo sé. Pero sí sé que el mito del amor existirá siempre. Como sé que el destino de muchos hombres está en manos de una mujer. Pues el amor, bien entendido o no, es el revulsivo de la sociedad actual, por mucho que lo disimulen con otros nombres. Son muchos los que confunden realidad con ficción en cuestiones amorosas. Lo malo es carecer de realidad y vivir sólo de ficción. Ese personaje por ti mismo inventado, idealizado, que condensa toda tu realidad humana y que sin saber porqué le has dado una significación que engloba casi todo tu universo. Pero la vida no es un amor fracasado, no sólo consiste en eso.
Mi tiempo consiste en esas leyendas y cuentos que me contaron y me nutrieron en una infancia fantástica. Cabalgando sobre lo imaginario. Qué de aventuras, qué de sueños, qué de decepciones. Para más tarde creer que todo lo que concernía mi vida no era más un naufragio. Hasta que comprendí que el viaje era el destino. El libre albedrío no es más que un control sobre tus emociones, sobre tus días, sobre tus actos, un control lo más natural posible. Pues, y en mi caso, a pesar de que el destino me supiera un intruso, también el cielo sabe de mantener pillos. Si los pillos obran de corazón, claro está. A los pillos malos, los del otro bando, los tratan de otra manera.
Decía un sabio que todo está en la naturaleza, pero que la tenemos tan cerca que ni siquiera sabemos apreciarla. Y esa reflexión también es válida para el amor. Lo que tenemos cerca nos asusta, queremos eso otro, lo lejano, lo inalcanzable, lo difícil, lo inexplicable, lo que lleve a ninguna parte, en el fondo es lo que queremos, pues nuestro corazón no quiere saber nada más de amores fracasados. El inicio en todas las cosas, pues el inicio, el volver a empezar, saberte nuevo y delante de unas circunstancias nuevas, es lo más parecido a la infancia. Todo por hacer, todo por alcanzar, todo por lograr, aunque se muera en el intento. Nos negamos al envejecimiento por ósmosis, y casi nunca lo reconocemos, qué de inventos para evitar decir; “yo ya soy viejo”. Porque en definitiva no tememos a la muerte, pero sí al dolor y a no valernos por nosotros mismos. Llegar a viejo e integrarte en el pensamiento de la vejez debe tratarse de todo un arte.
Dejar de tener en la memoria lo que se tenía cuesta y mucho, pues los recuerdos a veces son espontáneos. Por eso insisto en que la solución no es olvidar, sino aprender a vivir con esa experiencia, para bien o para mal. Olvidarlo y no callarlo, digerirlo hasta la saciedad. Olvidar no es dejar de desear. El olvido ni empieza, ni acaba, el olvido siempre estará. Si realmente hubo algo que olvidar. Y es que el olvido, si lo quieres, lo tienes que conquistar. Aprender a olvidar y habitarte en los deseos. Por si alguna vez y de nuevo, tienes que aprender a olvidar.
Yo sólo soy un silencio de besos aún por dar, y siempre lo seré.

Peatón

sábado, diciembre 01, 2007

¿A qué sabe la verdad, a qué huele?

Decía Burke que “Nadie comete mayor error que quien no hace nada porque piensa que sólo podría hacer muy poco.” Yo nunca supe dónde albergar tanto silencio. Y me moví en el lenguaje de las apariencias, del humor nunca concluido, en esos espacios que sabes que se dan porque siempre acaban en despedida. Mientras los demás andaban preocupados por las hipotecas, la familia, el trabajo, las responsabilidades, yo sólo me dediqué a pensar. Pensar que había algo en este mundo que no me parecía justo y que todos callábamos porque no era lícito hablar. Pero la “Biblioteca Rosa del Pensamiento” requiere también nutrirse de verdades. Y es cierto, una de mis mayores preocupaciones, a lo largo de mi vida, ha sido saber el olor y sabor de la verdad. ¿A qué olerá la verdad? ¿A qué sabrá?
Busqué la verdad en lo cotidiano, en la gente, por mis calles, en el amor, en el sufrimiento, en las ausencias, en la comunicación con los demás, en las discusiones acerca de ese hipotético “mundo mejor”. Consiguiendo una conclusión, las verdades de este mundo son “nacer” y “morir”. Pero aún y así, seguí indagando, la verdad en la realidad, en los hechos, en mis actos, en todo aquello que supusiera un horizonte nuevo que nos englobara a todos. Y entonces me supe; yo tengo memoria permanente del futuro. Me supe de paso nada más nacer. He llegado a pensar que me colé en la vida. Que mi tiempo debía ser otro, antes o después de este, pero es obvio que debía acomodarme. Y así lo hice. No, no creo ser un precursor de mi tiempo, pero sí un infiltrado en un mundo que no me reconoce como yo tampoco a él.
Madurar, según dicen, es ser responsable de tus actos. Lo que nos diferencia de la niñez. Sigo pensando que sí, que es bueno ser responsable, que es lógico y necesario, pero el que olvida su niñez, sus momentos de juegos, de ilusiones, los besos y abrazos de tus mayores, los días de asueto, el que olvide eso, es alguien que se dedica sólo a arrastrar su cuerpo. Madurar es también poner en su debido punto esa idea que siempre perseguiste. Lo que soñaste, lo que ideaste, lo que imaginaste. La idea verdadera de tu vida. La que, en algunos casos, jamás te dejaron madurar. Y aquí no hablo de esta teoría de los valores, no, de los resignados y sumisos yo siempre me aparto, no aportan más que recuerdos negativos. “Si no puede ser”, “es lo que hay”, “si me va bien a mí, el mundo es una maravilla, qué más puedo decir”, “la vida es una mierda”. “Si ya se sabe lo que hay, esto no hay quién lo cambie”. Etcétera.
Pero me resisto a la idea de la catástrofe. Y aunque sea por sobrevivir o por supervivencia propia, la gente sigue pensando en sus sueños, otra cosa es que lo cuenten, que se atrevan con la verdad de sus sentimientos. Con la verdad de su vida. Yo soy mi conducta en unas circunstancias adversas o no, con un camino que deja de ser si me detengo. Y la verdad no es otra cosa que tener conciencia de tu propia vida, de tu propia realidad, de la de los demás, en un intento continuado por mejorarla, en todos los aspectos. El “afán de lucro, tanto tienes, tanto vales”, es atmósfera de los resignados y ahí no me meto. Son tantas las cosas que me quedan por aprender, por saber, por disfrutar y vivir, que a veces intento alargar incluso el tiempo. A mí con un lápiz, un saca puntas, varios folios y una idea a desarrollar, ya me basta, y si eso lo puedo hacer en compañía de alguien que dice que me ama y por la cual yo siento lo mismo, qué más puedo pedir.
La verdad debe ser también eso que huele a sonrisas, a miradas sinceras, a la satisfacción de una buena compañía, de una buena tertulia compartida, a un buen guiso. A ese aprender los unos de los otros. No debemos callar nuestras verdades, no debemos dejar que nos callen con las necesidades superfluas. Decir nuestros gustos, contar el cansancio, vocear nuestras alegrías, compartir las desgracias y sufrimientos. Por estos caminos debe andar la verdad. La verdad no puede tener precio, es nuestra, de todos. Hablo de la verdad que nos lleva al entendimiento sin tener que renunciar, ni a ti, ni a nada. Tu verdad, la del otro, conjugadas en ese intento por lograr comprendernos mejor. “Si cerráis la puerta a todos los errores, incluso la verdad se quedará fuera.” (Tagore.)
Ayer, sin saber cómo ni porqué, pude mirarla a los ojos, y si he de decir la verdad, en ese momento, quise juntar mis labios con los suyos.

Peatón

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