En tiempos de crisis...
Si estás acostumbrado a "poquitas cosas", y en éllas descubrir y saber parte de tu felicidad, los tiempos de crisis son menores. Cada día es un universo distinto, ¡Qué de cosas! Se pueden vivir en un sólo día. Hoy me propongo rescatarme.
Me dicen; "coge el toro por los cuernos y pónte las pilas". Nunca le pedí nada a la vida, que no fuera la vida misma. Claro está que de niño me hicieron creer que estamos de paso, y que si existe algo que realmente valga la pena es ser fiel, lo más fiel posible a tu propio pensamiento. Vivir tal y como se piensa, ardua tarea. El grado de perfección, en todo, me viene de un más allá arraigado en las religiones universales. Ahora que lo pienso, conocer y estudiar a tantos dioses y sus virtudes hizo que se me olvidase conocer un poco más a los mortales.
En tiempo de crisis recuerdas esos otros momentos en que las cosas iban mejor. Y te pasa, por delante, tu existencia, a pedacitos. Sumas los buenos momentos y consigues soñar de nuevo, y por fin dormirte en columpios de gratos recuerdos. Amaneces, te devuelves a la realidad, consigues sacar fuerzas de flaquezas, ¡un día más! Estrenas sensación, miras al cielo y solicitas una nueva tregüa.
Sólo existe un lugar al que volvería; mi infancia. Y es que yo, no sé quitarme la vida. En tiempos de crisis el pensamiento se interioriza y fluyen los sentimientos, las sensaciones, caminos hacia verdades ya olvidadas. ¿Existirá un lugar donde impartan "cosas de la vida"? Ciertas cosas no vienen en libro alguno, o las experimentas o nunca llegas a conocerlas. Me recuerdo a diario que debí hacerme payaso, con máscara permanente de sonrisa eterna. Un circo que por techo tenga el cielo. Donde siempre sea fiesta. Estrenar y disfrutar lo eterno de las sonrisas, risas, carcajadas. Como la motivación de una mujer que sale a comprar, pero aún no tiene decidido qué, pero que sabe, que tarde o temprano, a lo largo de la tarde, acabará comprando. El impulso del deseo no controlado. Experimentar el punto álgido de saber que compraste lo que quisiste, pero que tampoco sabes muy bien para qué lo necesitas.
En tiempos de crisis aprendamos a rescatarnos. Se necesita tan poco para sentirnos bien. Sí, nos merecemos un abrazo, efusivo, entrañable, preñado de sentimientos positivos. Lo otro, todo lo demás, las cosas materiales, es obvio que tienen sus utilidades, pero, por favor, sin exageraciones.
¡Vayamos todos, hoy, a rescatarnos! Como la buena gente que se supone que somos.
Juan Antonio


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