jueves, mayo 28, 2009

Aquello que nadie busca...

Son algunos, los momentos, en que necesitas definirte delante de los acontecimientos de la propia vida, tu vida, claro está.
En un porvenir oscuro, desde mi vacilante ser, cifra incial de todos los universos, alguien, el hombre, espera. La sensación es que necesito echarme a descansar. Mis escasas fuerzas ya no pueden más. Ahora lo pienso, sólo fuí mi pasión, mi transitoria libertad. No quiero la esperanza de ser lo que ya he sido. Debe existir otro modo, al menos, de vida. La vida a golpes, la imagen del amor, y todo se me antoja desierto. ¿en qué lugar ubica el olvido?
En el almanaque de mi memoria, se estigmatizan los días, en que, la vacilante pasión ( sólo mía), caducó. No te preocupes, no me he ido, aun no. No te preocupes, no necesito nada; tengo bastante con vivir. En las batallas de amor, sólo me salvaron los mares de pluma. Nadie, ni antes ni después, te amará como lo hice yo, como te amo yo. Pedí, incluso, a los dioses más distancia entre ellos y yo para no perderte.
Mi queja, mi amada queja, que te quiero, que no te tengo, que sin ti, dejo de ser yo. Si yo pudiera navegar en mares abiertos, encontrar aquello que nadie busca; el verdadero amor.
¡Cómo recuerdo tus senos! Al alba, despertándose, irguiéndose, sostenidos tan sólo por tus venas celestes. ¿Errores? Muchos. Nunca por herir a nadie. Tenía prisa por alcanzar las estrellas antes que el tiempo me llevase. Lo sabes bien, me gusta la vida, y me gusta porque yo ví la tierra abriéndose, ofreciéndome penetrarla. He visto tantas veces el Ave Fénix. Y aquí me tienes, colgando de los sauces las ausencias que me entristecen. No recuerdo dónde dejé la ilusión, tal vez la perdí, tal vez también se ausentó.
¿Pasa el tiempo? El deterioro de lo terrenal es la acumulación de mis paciencias. En estos días sólo el dolor cura. Si la verdad es dolor, tú también lo supiste. Pero es con la verdad que se alcanza la paz, la que nunca llegamos a imaginar. Dime, no lo recuerdo, ¿Adán y Eva mordieron la manzana al mismo tiempo? Verme con tus ojos, eso sí lo recuerdo.
Es tan denso el silencio que casi me impide respirar. Se fue el amanecer, amor, se fue. Tan sólo estuvo conmigo miles de millones de segundos. Y los latidos de mi vida ya no son redondos. Me regalaron tantas historias. La casa debe quedar cerca, supongo, pero aún no me atrevo, y si allí nadie me espera, y si allí sólo estaré yo...
Aquello que nadie busca es lo que soy, aquello que todos temen y tan sólo, de vez en cuando, encuentran para olvidar después. Y esto acontece cuando por fin defines que no eres el mensajero, sino tan sólo el mensaje mismo.

Juan Antonio

ecoestadistica.com