Humanos, sí, pero, ¿siempre lo somos?
Primera parte:
Ya no tienen cabida los honestos, los nobles, modestos y tímidos hasta la exageración, en este mundo nuestro. Los que se quejan vagamente a pesar de saber que poseen un salvador en su interior, los que superan a cada instante las desdichas y veleidades de la subjetividad, porque saben que el paraíso nunca fue ni será terrenal. Moradores de la casa de la paciencia, rodeados de silencios infinitos, donde necesitan un orden total. Proscritos de una sociedad vacía que no va a parte alguna. Padecen injusticias una tercera parte de sus vidas, y lo saben, lo saben.
La falta de individualidad a la que nos aboca la cambiante realidad, nos obliga, en las relaciones, a definir una trayectoria sentimental muy extraña. Pues, ya no suponen un fin, si no un escalón más hacia el abismo de un "yo" desdibujado.
Son muchos los que creen que buscan alguna novedad, un río que muere en esa cascada de emociones ficticias ( en la mayoría de los casos). Son muchos los que se ven arrojados a la salvaje soledad de sus existencias; ¡jamás satisfechos! Y el salvador ( conciencia ) que vive dentro de ellos se convierte en un extraño. ¡Qué funesta arrogancia! La de quellos que creen que el mundo fue creado para su servicio. Qué inseguridad emocional, la de aquellos que se estiran la piel creyendo que así estiran sus vidas. Nunca sabrán, no quieren saberlo, no pueden ya comprender el compromiso que supone el verdadero amor. El más sublime, terrenal y divino de todos; amar hasta el fin, en un ejercicio de libertad absoluto. La panorámica de su mundo (actualmente) no es más que un mosaico de vanidades, asociado a la estupidez humana de creer que no estamos de paso. Y fijan y pulen y dan esplendor a la ruina de lo que queda de ellos; ¡la carne podrida!
Pero, ¿es que ya nadie anima a ejercer la dignidad e inteligencia en la vida práctica, ya nadie se interesa por formas decentes de vivir?
¡Alma mía, cómo te extraño!
Juan Antonio


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