La jungla que nos habita...
En esta jungla que habito me cuesta reconocer alguien de mi misma especie. La única intención con la que escribo no es ni más ni menos que comprender lo que me pasa. Si es que me pasa algo aparte de las dificultades que conlleva la vida. Pues, como decía Nietzsche: "los obstáculos en mi camino se convirtieron en mi camino". Dicen que el perdón es la antesala del olvido, pero yo no quiero olvidarme. ¿Quién, hoy en día, estaría dispuesto a saldar cuentas con su pasado? Me cuesta, y bastante, creer o aceptar esto que llaman "mundo real". A quién le puede interesar un universo coherente y compacto. Debemos pensar más allá de la lógica y el sentido común, aprender qué son los sentimientos. A pesar que ciertos sentimientos sólo consigamos aislarlos en las lejanías, suspendidos en un tiempo que jamás existió, inventado o que tan sólo soñamos.
El misterio de la invención poética me enseñó que existe otro tipo de creatividad aparte del silencio. Aprender a mirar aquellas cosas en las que nadie repara aunque estén a la vista de todos. Cómo atrapar chispas de ingenio. Cómo eludir los tiempos vacíos. ¿Eres acaso o eres quimera? Debemos aceptarlo, es imposible dar marcha atrás. Los rebeldes, ante el inaplazable envejecer no son más que los que no consiguen apearse del tren, en marcha, de sus debilidades. ¿Quién no las tiene? Como decía Montaigne; "quien enseña a los hombres a morir les enseña a vivir". No te sometas nunca a la ira, es el inicio para parecerte a aquellos que intentan la salvación a través de todas las excusas posibles, los que no entienden de principios ni valores, los del egotismo sin límites.
La resonancia quimérica de mis sueños flota en el techo, ya amarillo, de mi habitación. En mis silencios unos pasos resuenan, sobre los adoquines de mi corazón, pero, ya nada ni nadie jadea. Quien me amputó la ilusión del amor sabía lo que hacía. No, no lo hagas, nunca me invites a reflexionar (sobre nosotros), ámame o vete. Sólo quiero que el día de mi entierro todos llamen para decir; "discúlpame, no podré ir, sigo intentando la juventud". Y entonces comprenderé que ya no necesito enamorarme nunca más.
Juan Antonio
P.D. Cuando dejes de saber quién eres, llámame.


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