El Agitador..
El Agitador….
Mis palabras son hijas del lamento y la incomprensión. Pero sigo agitando mentes, corazones, pasiones reales o simplemente oídas y no tantas vividas como se me achaca. Inquietudes intelectuales y a la vez culturales en diversos temas, de actualidad y pasado, la capacidad temática es un paso hacia la libertad, adoro el presente que lleva a un mundo mejor. Mis palabras ya no las dirijo yo, son hijas a merced de los tiempos y vientos de un destino incierto. Mi tratamiento con el humor empieza a resentirse. Pero me sé al mismo tiempo hijo de Ícaro, y no es la primera vez. Si me duele el mundo, cómo no me va a doler la persona que amo. A los que amo, a mi gente, estén o no. Mi única normalidad siempre estuvo en la certeza de mis sentimientos. Sigo pensando que encontraré el resquicio por donde escapar de este laberinto de tinieblas. Los corredores de las susceptibilidades acechan.
No, no es verdad, ni soy mala gente ni busco la muerte.
El sentido y sentimiento de culpabilidad en los que hemos pasado por la Santa Madre Iglesia, y no sólo como creyentes, algo más comprometidos, sin llegar al sacerdocio, etcétera, es muy acusado. Hacer el Bien, es amar también. Y el mero hecho de no hacerlo, o pasar de la gente pasa factura. Un ejercicio de las virtudes en toda regla, yendo más allá de cualquier otra valoración. La gente no sufre de insolidaridad, sino de que se le niegue un futuro más o menos aceptable en todos los órdenes. Esencia y sustancia, compromiso hasta el final con la vida y los demás, te lleve donde te lleve. No sé si pensar así es de loco en los tiempos que vivimos, pero es que tampoco me interesa saberlo, es mi manera de ser. Y juro que, a veces, también me enfado. La única guerra que me ha interesado es la vida misma, la mía, la de todos, y mi única arma; un torrente de palabras. Si el hombre llega a la guerra es que el inicio u origen de dicho conflicto es erróneo. Y claro a los de un bando les toca atacar y al otro defenderse. Con lo fácil que sería una buena tertulia, diferentes manjares, bebidas según el consumidor, palabras que unen y sonrisas como postres. Para llegar a un solo acuerdo; la paz.
Existe pues la revolución pacífica, otra cosa es que se quiera ver o no. Pero hoy en día deben devolvernos el devenir a la sociedad. Ese futuro que todos esperan, sociable, amigable, cualitativo, y si se quiere una bandera, una para todos; la libertad. Cultura y más cultura, que llenen los barrios de bibliotecas (con todos los adelantos tecnológicos que se quieran), de gimnasios públicos, de centros culturales, con el buzón de recomendaciones; proyectos para un mundo mejor. Donde participemos todos. Que nadie nos imponga un Dios, ya vendrá con sólo vernos unidos. Que las diferencias entre nosotros siempre sean motivo de conversaciones acaloradas, constructivas, con el fin de llegar a acuerdos positivos.
No, no me voy a extender, y espero que tampoco hayan de pasar millones de años para alcanzar estas cuotas, sé, estoy seguro que somos más de lo que creen los que pensamos de esta misma manera.
Hoy sólo recomiendo sonrisas, y sentido del humor…
Peatón


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