viernes, diciembre 19, 2008

En un mundo que...

En un mundo que prisionero soy....

Las emociones son la materia de la vida. Pero, los seres humanos somos algo más que máquinas de la felicidad. La sucesión de los múltiples yoes y sus conflictos que se alternan en cada persona, así lo demuestran. Como si de un proyecto se tratase y no siempre dependiese de nosotros. El hombre necesita del hombre, lo quiera o no. Siempre tuve en mi interior ese niño que al mirarse en el espejo de las buenas costumbres se reconocía, en él, en los otros, en las cosas del día a día, y por banderas una sonrisa y una buena dosis de comprensión. Hacia el mundo y todo aquello que le rodea, que no es ni más ni menos que la vida misma. Felicidad, sí, pero teniendo en cuenta a los demás.
Nunca aprendí a quejarme, así que no lo haré ahora, a mis edades sería contraproducente. Uno de los retos más importantes que plantea el nuevo siglo desde el punto de vista ético y político es conseguir un orden mundial más democrático y justo, que ofrezca soluciones a los problemas globales y que elimine determinadas lacras que sufren sectores importantes de la población mundial (pobreza, desigualdad, exclusión social, inseguridad del medio ambiente, pandemias, obsoletas religiones, etcétera.) Aspiro, desde mi modestia, que sea una revolución pacífica, desde el individualismo y lo colectivo, aspiro a un entendimiento global con una sola finalidad y además social; pensemos de una vez por todas en la humanidad.
Un sistema económico, que si en sus inicios esperanzó a mucha gente, hoy en día, es un verdadero desastre. Salvo para algunos que viven de los demás. Cualquier ideología (el uso de las mismas, o el mal uso de ellas) nos ha llevado a este callejón sin salida que hoy llaman “crisis”. Se impone una nueva manera de pensar, de discurrir, “una sociedad basada en la calidad y no en la cantidad, cooperación y no ese exceso de competición, una sociedad liberada de esta economía absurda y buscando la justicia social como objetivo”. Es posible, es necesario, una revolución pacífica en este aspecto.
La crisis tiene una solución, en términos informáticos; “reiniciarnos”. Buscar los dispositivos y medios que nos lleven a esos inicios. En términos coloquiales, volver al “tú que eres” y dejar esa imagen distorsionada del “tú qué tienes”.


Peatón

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