domingo, noviembre 23, 2008

si se trata de vivir..¡vivamos!

En el paisaje de esta eternidad mía que se estrecha, refugiado en la esfera de mis pensamientos, desisto, por fin, de ocupar un lugar en la sociedad de los hombres. Estoy más que harto de técnicos “honrados” carentes de genio. Hoy mi sol se baña en el mar. Pero, presiento esa libertad de sentir, amar, amistar, presiento un puente de palabras que me extrapola al mundo de las ideas. Una guerra a muerte entre lo positivo y lo negativo, entre la creatividad y la corrupción de una existencia al borde del abismo. Es uno de esos momentos en que estalla la tormenta existencial, y se dispersa la galaxia de los cuerpos desnudos. Porque siempre habrá alguien dispuesto a devorar, en tus entrañas, lo que tú, a la vez, también devoraste en otro momento. Es cierto, adoro este universo de palabras en mis silencios, que me circunda, que me construye, y con un poco de suerte también llegue a definirme. Yo necesito hablarme para saber quién soy.
Hube de creerme la fatalidad, la muerte, mutilando mi capacidad de pensar, aprendiendo de nuevo a mirarme, intentando nuevas palabras. Territorio donde las verdades absolutas desaparecen, donde todo se enmaraña, donde todos se pierden. Hube de creerme que la vida va en serio, hube de creerme que alguien me arrancó la dosis de veneno que me pertenecía en esta vida. Creer que el silencio, si realmente prestas atención, emite sonidos que son lo más parecidos a las palabras. Y todo para decirme un universo de palabras nuevas, donde la mente se ensancha. ¿Qué desecha la vida?
Armonía, palabra, mente y corazón. Yo te digo que no hay corazón que no sienta y padezca que alguna vez una palabra calló. Lo aprendemos en esta proyección que somos de nosotros mismos, no antes. Sí, hube de creerme la vida, mi vida.
Mi primer recuerdo data de un bautizo, un patio, un pozo con ventana, y cinco puertas, apenas un pasillo estrecho. Un lavadero cubierto por bandejas de pasteles. Qué inmensa la vida en esos momentos, recuerdo mis ojos abiertos, asomados a los gestos. La gente reía, cantaba. Y es que ahora es cuando lo sé, no siempre cantamos para la vida, existen otros motivos, aunque a veces no sean alegría. En aquel patio cabían muchas vidas. Mi primer recuerdo, duda y confusión, pues nadie me explicaba porqué cantaban y reían. Nadie me dijo que la celebración era el preámbulo que lo que iba a ser mi futura vida. Detrás de cada una de esas cinco puertas se podrían sumar todos los sentimientos del mundo. Hasta que por fin apareció la sexta puerta, el destino era otro, tierras lejanas, lenguas diferentes.
Me resisto a pensar que sólo se nace una vez, no, no lo creo, nacemos y naceremos hasta el fin de los tiempos. E iremos aprendiendo, errando, fracasando, hasta que la lección sea aprendida y podamos gobernarnos por nosotros mismos, todos en uno y uno en todos. La historia de la humanidad no ha hecho más que empezar.
¡¡Vivamos pues!!!

Peatón

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