viernes, noviembre 21, 2008

A veces me levanto con la cruz a cuesta, con todos los pecados del mundo encima, a veces, ni oso abrir los ojos, por no ver que el día llegó. Sabiendo que ya nadie me espera, que ya nadie me va a esperar. Y esa maldita pregunta; ¿qué será de mí? Ya no está en mi vocabulario. Y qué presentes se me hacen los que ya no están. Si es que no es que me haya cambiado la vida, es que ya no hay vida. Intento de nuevo el sueño, engañarme un poco más, pero no lo consigo, me tengo que levantar.
Repaso lo que debí hacer, lo que debí prever, lo que no hice y siendo tarde se me ocurre ahora. Repaso mi vida entera. Y un rayito de sol me arranca una sonrisa dándome su calor. Poco a poco, despacio, muy lentamente, las oscuridades desaparecen, y llegan otros colores, algo más vivos, más esperanzadores. Los senderos del día me devuelven el camino hacia la vida. Regreso a las miradas, las cosas, están ahí, siguen ahí, esperándome, devolviéndoles el sentido a esto que queda de mí; estoy solo. Y ahora que lo pienso, cómo he llegado aquí, qué hago aquí, acelero el paso, me pierdo si sigo reflexionando, una taza de café, esa chica que me saluda al ponérmela, y los recuerdos y la existencia se quedan en la puerta de la cafetería, el letrero lo advierte; “no se admiten tristezas.”
Me llegan lucecitas de cordura, haz esto, haz lo otro, reacciona, tú puedes, si es que no se puede tener tanta mala suerte. Pero sigo pensando que las uvas están buenas, sólo que no las alcancé, no pude, ¿salté poco? , ya no lo sé. Lo que sí sé es que ya no tengo a nadie que me diga; “vente conmigo.” Pago el café, exijo una sonrisa, y en la puerta de nuevo me espera, la vida, la existencia y esa tristeza que me parte en dos. Y me digo que mañana será mejor, que mañana seré ese otro, el que siempre fui, el que ya no sabe ni quien es. Me voy directo a mi refugio matinal, mi templo, pero hoy no puedo entrar, hay un entierro. Será que hoy mis pensamientos me quieren entero. Por lo menos me siguen diciendo que sigo siendo bueno. Me cruzo con dos sonrisas, dos miradas, y una noticia nueva; ¡estamos en crisis!
Salgo corriendo para mi casa, ¿mi casa? Bueno está, que sea mi casa. Y en ese mismo momento cae el sonido, un futuro ilusionado, “te quiero”, me dice…y dejo de caminar, y cómo se ensancha el oído. Cierro los ojos para intentar verla, olerla, tocarla, lo único que le da sentido a mi vida, ¿vida? “Amor, que no importa lo que diga ese destino, tú vente conmigo.” Regreso a mis ojos, los abro, y el cielo me reparte colores, de nuevo, sí, de nuevo yo vivo. Está también el mar, antes no lo había visto, y pasa gente, coches, ese tren que silva, y allá a lo lejos, donde se juntan cielo y mar un barco de vela. No lo puedo remediar, alzo la mirada, ¡dios, cómo vuelan! Esas aves y esa mi mirada de nuevo ilusionada.
En este día se quiebra algo, se rompe esa otra vida, y yo salgo, de nuevo a intentar la mía. Qué poder tiene el sonido de una palabra enamorada. Saber que alguien te quiere, te ama, te espera, y tú te mueres por que es ella, tu enamorada. Y nos lo decimos los dos a la vez; “tú vente conmigo que me tienes el alma enamorada.” ¿Hay más vida que dos corazones que se esperan, que se aman?

Peatón

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