Una sociedad nueva para todos es posible...
La fuerza de la raza.
Como dice el poeta la vida me ha reducido a; “hijo del placer y padre del dolor.” Nunca entendí los reinos de lo irremediable. Pero sí el ideal de cada vida, el entusiasmo del momento. Mis orígenes son de otra época, de almas puras, y nobles que sobrevivieron en una naturaleza despiadada y a la vez impuesta. Siempre fieles a sus fuerzas. Una especie que no sabe morir. Confiada a su propia fe, los hijos de tiempos adversos. Fe y esperanza a que tal vez llegaran tiempos mejores. Siempre con la duda de si eran reales o no, en los límites de la existencia y eligiendo la eternidad como alternativa al saberse defraudados. Y es que en los agujeros de las carencias es muy importante la solidez de las amistades. Es cuando se acrecientan y emanan los sentimientos, los afectos verdaderos.
Por qué hoy en día todo lo sensato me resulta tan sospechoso. De qué cultura podríamos hablar hoy en día. ¿Existirán tantas culturas como personas en el mundo? O simplemente somos fragmentos perdidos de una civilización anterior a todas las civilizaciones. Cómo podríamos hoy en día definir la interiorización de las civilizaciones. “Olvido la mayor parte de lo que he leído, así como lo que he comido; pero sé que estas dos cosas contribuyen a sustentar mi espíritu y mi cuerpo.” Es decir, no sólo de pan vive el hombre.
Vendría bien un poco de cultura para todos. Un credo que nos haga de guía sin el credo mismo. “Creo en Shakespeare, en Goethe y en las obras canónicas reconocidas así en la tierra como en el cielo. Creo en Vincent Van Gogh, el retrista tocado por Dios, nacido en Groot Zinder ( Breda), formado en París y en Arles, que trabó amistad y se enemistó con Gauguin, que enfermó, enloqueció y se suicidó, que subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre, de donde ha de descender para juzgar a los cultos y a los incultos. Creo en el poder de la cultura, en la vida eterna de los genios, en la santa Iglesia del Arte, en la comunión de los cultos, y en los valores del humanismo. Por los siglos de los siglos, amén.”
Yo quiero poder crear las formas de mi intimidad. Quisiera saber de dónde emana esa teoría de un mundo nuevo y mejor. Amo a la gente con capacidad de amar, luchar y pensar. Y quiero una casa del lenguaje donde la comunicación sólo aspire a entendernos. Por eso creo que lo que mueve a mundo son las ideas, y mantengo que se requiere, antes que nada, en estos tiempos extraños que nos ocupan, una revolución de tipo social. La humanidad aspira a un sistema de vida coherente, si no nuevo, sí el que siempre deseó. Y de ahí se deriva una posible solución, ¿Qué se le está ofreciendo a la gente? Así pues, una revolución social basada en una política internacional, dentro de un sistema económico que englobe al planeta en su totalidad. Con fines como; la humanidad. Y no como hasta ahora, el lucro personal basado en las diferencias de un status social, según el poder adquisitivo, mayor o menor. Un nuevo orden social que no admita meros observadores, pero sí ciudadanos involucrados.
Un modelo de sociedad en continúa evolución y que, a su vez, emane de la sociedad misma. No que le venga impuesto desde unos parámetros donde sólo se benefician unos pocos. La ciencia, los logros de la ciencia concebida en beneficios a la humanidad y no en términos de rentabilidad. Uno de los requisitos imprescindibles de esta buena civilización, de esta cultura; “el hombre como centro de nada”, ha de ser precisamente, la comprensión de nuestra sociedad en su totalidad. El desarrollo del individualismo según la escala de valores que nos ataña a todos. Conocer y saber para comprender a nuestros congéneres y acceder a la cultura misma, la cual es compartida por todos. Será entonces cuando la cultura se convierta en esa forma en que espíritu, carne y civilización se traducen en persona y se reflejen en el espejo que somos todos. No más los unos y los otros, sino todos.
Todas las tribus sociales que nacen en la actualidad no son más que el reflejo de una disconformidad que no encuentra viabilidad alguna, y perecen en el tiempo del atroz consumismo al que se ven abocadas.
Así pues, volvamos a la era preindustrial, empecemos de nuevo. Creamos de nuevo en la pluralidad cultural y en las riquezas de la diversidad, eso sí, común a todos. El camino es sólo uno; nuestra verdad, la verdad de todos, la verdad de la humanidad.
Peatón


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