miércoles, noviembre 05, 2008

Regreso...no me esperes si no quieres..

Quiero saber cuál es la deuda, ¡quiero saberlo!

Hasta qué punto la vida me ama que no me deja vivirla. Y si el precio a pagar soy yo mismo, quiero saberlo. Reconozco otras vidas, otras maneras de pensar, de comportamientos, salvo en aquellas cosas que, según dicen, unen a la humanidad, y sinceramente, en estos días, la vida es aún más corta. Cada vida un mundo distinto, ese es el milagro precisamente, formando la galaxia que llamamos la gente, la humanidad. En cada plan de vida que observo, aparte las confusiones propias del ser humano, existe un objetivo y no como yo que casi siempre, no es que me dejase llevar, sino que la vida misma me indicó en cada momento, caminos diferentes. Abocado a incertidumbres que siempre me tocaba vislumbrar.
Madurar debe consistir en eso, una reflexión retrospectiva sobre lo que te acontece y tener la habilidad y la luz suficiente para no cometer los mismos errores, o al menos, los mínimos. Qué constructivo es saber preguntarnos, tomar decisiones, llegar a conclusiones, dejar atrás otros “porqués”, no mirar hacia atrás y conseguir una cierta estabilidad, anímica también. De ahí que el que sabe anticiparse es el que sabe crear futuro, su futuro. En mi caso estas reflexiones hicieron de mi un hombre muy desconfiado, qué difícil es encontrar alguien que diga alguna verdad. Actuar consecuentemente piensas.
Estemos todos condenados a la eternidad o no, la vida hay que vivirla, es lo que toca ahora. Pero, en ese “ahora”, cuántas vidas caben, cuántos momentos no esperados nos sobresaltan. Qué queda entonces de nosotros mismos, de nuestros pensamientos, de esa idea propia que amoldas a los acontecimientos del curso natural de la vida misma. Es entonces cuando aprendes a valorar lo que apenas si tuviste en cuenta, y llegas a pensar que no todos tenemos la misma suerte. Un hombre delante de las vicisitudes de la vida, sus reacciones, su capacidad en enfrentarse a los problemas, evitarlos, asumirlos, escudriñar soluciones. Y es en ese momento donde debes reconciliarte, contigo mismo, o te pierdes para siempre. Convirtiéndote en una sombra de los acontecimientos diarios, a merced de según que vientos soplen.
Hoy decido saber qué deuda ancestral contraída he de saldar, intentar descubrirla y solucionar ese tema. Lo más triste de este viaje que emprendo es que se me exige viajar solo. Pero no será la tristeza la que me impida recuperar mis ojos, mi mirada, y enfocar allá donde queden supuestas verdades que me lleven de nuevo a mí mismo. A mirar a través de mi vida, y no ya con los ojos de todos los demás. Sabiéndome no solo, sería el peor de los pecados, la soledad del solitario soledoso.
Imagino que regresaré, a la gente, a las cosas, que el olvido no será para siempre, o tal vez sí, quién sabe. Pero te aseguro que este viaje alrededor del sol, en este vehículo llamado Tierra, valió y vale la pena.

Peatón

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