Hoy lo decidimos, salimos a nuestro encuentro...
Vamos a dejarnos de tonterías..
En los juegos de la infancia alguien siempre sale herido, y sólo ahora, desde el tiempo que me ocupa lo puedo entender. Ahora que por fin soy capaz de otorgar a lo cotidiano la dignidad de lo desconocido. Esas experiencias cósmicas en el terreno de lo cotidiano. Es “algo” que me hace posible la vida. Que me hace divisar los signos de lo más profundo de mi ser. Lo que no llego a comprender por qué fui tan severo en el compromiso conmigo mismo, con mi manera de pensar. Mi realidad, el mágico mundo de mis sueños y todo aquello que a pesar de mi aconteció. ¡Qué cierto es! En los juegos de la infancia, tal vez sin ser concientes, a veces, salemos heridos. Pero soy de esos que jamás se negó las señales que continuamente emite lo cotidiano, de ahí que pudiera sobrevivirme.
Son muchos los que deciden su vida en un instante de lo cotidiano. Instante que les sorprendió, o simplemente se abocaron al mundo de lo desconocido, al reconocer que ya no soportaban su realidad. Y lo increíble, lo mágico, es que a pesar de todo, decidimos continuar, fracasar de nuevo, un poco de felicidad, decepciones, intimidades que sólo nosotros padecemos y gozamos, según los casos. Y es que todos, absolutamente todos, necesitamos ese margen de libertad donde crear nuestro propio mito, sentir que no sólo existimos sino que también vivimos. “¿Cómo le va a dar uno la espalda a lo más íntimo que hay en uno?”. Así aprendemos la capacidad de estar solos, los que estuvimos solos en la niñez, y más que solos los que de alguna manera se sintieron “abandonados”. Pues en los territorios de las intimidades sólo mandan las razones del corazón.
Nunca pensé en el más allá, en la muerte, mi idea sólo era una; sentirme vivo antes de morir. “Hay quien piensa que estamos realmente solos, que la vida y la conciencia son el resultado puntual e imposible de un proceso aleatorio”. Yo pienso que debemos cruzar la soledad, sentir el miedo, vencer la tristeza y buscar lo otro, aquello que sabemos que nos falta, la otra parte de nosotros mismos, para volver a identificarnos con el símbolo que sabemos que somos. Dejar de sentir que el refugio es la soledad. No lo es. Nunca lo fue, necesitamos la relación. Y eso lo aprendemos en nuestros viajes privados a la noche. Nos sabemos niño y adultos, modernos y conservadores, nos sabemos y nos alejamos, no nos atrevemos al paso definitivo, la valentía que supone renacer lo cotidiano, nuestro mágico sueño.
La mayoría de las cosas se nos presentan como ficticias y las vivimos como en sueños, pero, de pronto algo se hace real y uno despierta a un ámbito nuevo. Nos volvemos a encontrar, nos hacemos las preguntas que habíamos olvidado, nos reconocemos en todos los tiempos, y llegamos a una conclusión; mi vida es lo que he vivido. Yo te digo que a veces el amor se expresa con palabras mudas. Que una vida sin leyendas está condenada a morir de frío. No, no se trata de saber cómo es el amor, sino de saber qué podemos decir acerca del amor. Así que vamos a dejarnos de tonterías. Todo ese amor inmediato y verdadero, cálido y desesperado, abstraído ahora y petrificado en el más doloroso de los olvidos. Sí, ha llegado el momento de condenar la eternidad, precisamente lo más próximo a nuestra piel.
Intentamos mirar cualquier entorno como se mira lo divino, suplicando a través de los mares de nuestros ojos, que se detenga el tiempo, que todo no sea más que un breve instante, donde nos jugamos la vida, burbuja milagrosa, que los brotes de felicidad amanezcan en nuestra cama. Es cierto, lo íntimo, por muy breve que sea, se vive como un milagro. Y aparece el reto de las emociones, el desafío de los valientes. Aquellos recuerdos amorosos significaban más de lo que realmente significan. Son la suma de demasiados besos, los dados, los pensados, los imposibles. Escribo para los que sólo supieron vivir pegados a lo inmediato, soñando futuros inciertos. Conjugando tiempos, sus tiempos, o los que jamás alcanzaron su real tiempo. En un intento de estirar el tiempo de su propia intimidad.
Pero podemos, sé que podemos, sustituir un mundo plano por otro que nos ensanche la vida, aunque eso suponga más intimidad. Que podemos experimentar nuestra verdad experimentando el amor. Todos somos un universo que se crea a sí mismo.
Por eso y sólo por eso, déjate de tonterías y sal al encuentro, sal de esa soledad, y ve a tu verdad, y porqué no, a otro amor, si se ha de dar, si se deja encontrar.
Peatón


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