Déjame que te cuente...
Déjame que te cuente…
Mi visión siempre fue dulce, crítica, sobre el mundo, las cosas que nos ocupan, buscando, tal vez, aquello que nos alivie la vida. Si no la vida algunos brotes de felicidad en el día a día. Déjame que te diga que el amor lo empapa todo. ¿Quién podría vivir sin amor y seguir viviendo? Busquemos caminos alegres, que nos unan, encontremos lugares de tolerancia. El lado positivo de las cosas por muchas tormentas que nos amenacen. Desde ti hacia ti, sabiendo que no estamos solos, que los demás también cuentan, como tú, como yo.
Pero luego está la realidad, esas cosas de los adultos que me aburren tanto. Esa otra historia que nos aleja irremediablemente de la inocencia, de los términos coloquiales, las que nos acercan al bosque de los intereses, las envidias, el otro lado de la solidaridad. Ese otro lado que sólo cree en su eternidad o que la vida es para el más fuerte. Claro está que tenemos que contar también con este tipo de gente, los que no accedieron a la cultura, a los buenos modales, o simplemente los que piensan que si la vida les trató mal, ellos también tienen sus derechos para avasallar. Los que piensan que todo vale en esta vida, con tal de salirse con la suya.
Pasaran los años, pasará el tiempo, vendrán otros, la humanidad de humanidades evolucionará, y, estoy seguro, de esta época que nos tocó vivir se reirán; -“¡serían idiotas estos tíos! Sólo pensaban en ellos, vaya una manera tan triste de vivir la vida.- “-Ahora comprendo porqué al cosmos no le queda más remedio que expandirse. De lo contrario, ¿cómo podría abarcar la estupidez incesante de la estupidez humana?”. Sí, pasarán los años y nos habremos ido, pero siempre les quedará leernos, intentar comprendernos, y superarnos, evitarnos a nosotros y nuestros errores, es un consuelo.
No sé la de veces que me habré perdido, encontrado, bajo el prisma de la conciencia, no lo sé, ni cuáles fueron los pensamientos que se iban sucediendo, acumulando en mi interior. Ahora todo surge de lugares profundos, lugares que empiezo a dudar si visité alguna vez. O todo no fue más que un recuerdo, en algunos casos, pesadillas.
“La vida es una isla, las rocas son sus deseos,
los árboles sus sueños y las flores su soledad.” (Jalil Gibrán)
Déjame que te cuente, no obstante; “Lo que conduce y arrastra el mundo no son las máquinas, sino las ideas”. Y es muy difícil hoy en día no pertenecer a ese mundo-máquina, llamado consumismo. De ciudadanos nos han convertido en clientes de no se sabe bien qué sistema llamado dinero. La excusa es sólo una, se consideran eternos, pero como no lo consiguen, morimos todos, se prolongan en las herencias, son esos otros que jamás pasaron frío, ni hambre, necesidades, los que creen que todos los demás vienen a servirles, los hijos del becerro de oro. ( los idiotas, al fin y al cabo, pues muy en el fondo de sus corazones, saben que la felicidad está en otra parte).
Déjame que te cuente que he necesitado muy poco para vivir, para existir, salvo el conocimiento, el cual intento ampliar, ensanchar todo lo que puedo, amar las cosas a través del entendimiento, y con ese corazón que el universo me otorgó. Un beso, un abrazo, una caricia, una mirada cómplice, volvernos a abrazar y conjugar nuestras ilusiones. Déjame decirte que es posible la revolución pacífica, para que todos podamos ser un poco mejor, día a día…día a día…es posible, aunque hoy nos parezca una utopía.
Peatón


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