miércoles, diciembre 03, 2008

¿Quién dijo tristeza?

¿Tristeza….?

La triste pena. Mustio, taciturno, mohíno, abatido, deprimido. O un animado lozano alegre de una nostalgia tristona. Ver el lado positivo de la vida, o el negativo, o aceptar que existen dos caras en una misma moneda. Lo que no podemos negar es que la moneda existe; la vida. Así como la ansiedad provocada por aquello que tanto te afecta y no lo puedes cambiar. Pero, a veces, en la tristeza se nos ancla una pena, Una pena difícil de extraer, y reconoces que no te queda otra que aprender a vivir con ella. En según que casos la pena es alegre, y en otros triste.
Según el estado de ánimo te provocaría escribir un tratado sobre la tristeza, pero y si le damos la vuelta y lo escribimos, en esos momentos, sobre la alegría. Imagínate tener un amigo tonto, pesado y para colmo triste. La peor tristeza que he conocido es saberte sin futuro alguno, y además desarraigado de cualquier lugar y entorno conocido. El desasosiego es tremendo en esos casos. Claro está que la tristeza de amor es harina de otro costal.
“Cuando la tristeza se convierte en belleza y la belleza se convierte en poesía.” Por desamor, por ausencia, por aquel amor que nunca fue nuestro, por el que tuvimos y perdimos. Porque nuestras ganas de amar siguen intactas por mucho que nos lo neguemos. De qué material está hecho el hombre, de qué forja surgió, el hombre ante la tristeza puede llorar por lo perdido o por lo nunca alcanzado, es el destino del hombre, un hilo de vida entre la alegría y la tristeza.
Quién podría decir que nunca conoció la tristeza, quién no saboreó su amargura, su acidez. Quién no dijo, hasta aquí hemos llegado tristeza, nunca más. Me reconozco tanto en la alegría como en la tristeza, pero soy hijo de la luz que dan las palabras cuando las amas. ¡Cómo regenera la palabra! Cuando te atreves a llamar las cosas por sus nombres. Qué vientos más cálidos cuando desnudas el espíritu y lo expones al sol de la verdad. Mis palabras, las que nunca me abandonan, palabras, eterna compañía.
Quiero decirte tristeza que se acabaron tus días, me voy, sí, no sé si a la alegría, pero el preámbulo no es más que “querer”, “sentir”, unas sonrisas intercambiadas, la voz, el deseo que flota, la ilusión esperanzada, enamorada. La voz otra, el eco de dos corazones, y si puede ser un futuro; vivir en compañía de la persona amada.
¿Tristeza? No, no…incluso el dolor me traspasa…

Peatón

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