jueves, diciembre 11, 2008

Once años...

“Un Yo solitario pugna por lograr la compañía del mundo y de otros Yo; pero no encuentra otro medio de lograrlo que crearlos dentro de sí.”
(Ortega y Gasset)

Ciertas decisiones surgen por sí mismas y el camino se hace fácil, basta con no elegir. Desaparece lo racional y delante de ti el mundo mágico de la vida, pero esta vez sin libres albedríos. No hay verdad absoluta, ni referentes, sólo son incertidumbres, complejidades. Vas adquiriendo una conciencia mística/cósmica y a la vez crítica. Comprendes, por unos breves instantes, que la claridad ciega, que estamos aún lejos de la verdad deseada, que el complejo de Sísifo ha regresado. Pero yo sé también de caminos ilimitados, Ícaro me los enseñó. Renacer de lo que queda de ti.
No te puedes quedar donde no te creen, donde no te aman, donde no te viven, donde no te valoran, a menos que optes por ser “el hombre sin atributos”. Y mucho menos quedarte en terreno neutral, has de optar, elegir, moverte. Quién decide dedicar un tiempo de su vida para saber qué hacer con ella. En mi caso, ni eso me fue otorgado, la vida empuja, empujaba sin más. Y los lugares, y mis espacios eran prestados. Como si a través de mí se redimieran ellos de sus propias vidas. En muchos de los casos, de sus propias miserias, y ¡cómo arrastra lo fácil! Cómo convence sin más.
En qué momento decidimos cambiar la seguridad por la aventura, la mentira por la verdad, la realidad por la incertidumbre. Te lleve el camino donde te lleve. Te vas, te has ido. La historia es una gran reflexión sobre las paradojas del amor, sobre la crisis de las relaciones, y acerca de la búsqueda de una teoría del sentimiento que dé salida a las emociones atrapadas en un sistema asfixiado por la cobardía y la complejidad de la vida. Pero yo no me fui más que de unas ruinas que me ahogaban, me fui del carnaval de esa vida que gusta a todos; la mentira como base de sus existencias. Quise irme por donde todo el mundo se va, por la puerta, pero, no fue posible, ya me habían juzgado y condenado. Tenían prisas, no me dejaron hablar. Sentirte reo, juzgado y condenado merma tu posibilidad y capacidad de reacción. Sencillamente me arrojaron.
Hoy desde este tiempo sé que sólo me fui de lugares, no de los recuerdos, esos nunca te abandonan. Me fui de todas las promesas, lo sé, me alejaron tantos mares. Intenté incluso la ignorancia, pero ni así. Intenté el diálogo, explicarme, decir, intenté la comprensión, pero quién no ha oído decir a un reo; “soy inocente”, y nadie le escucha, nadie le hace caso. Incluso esos que con la piedra en la mano se atreven a decir; “la vida pone a cada uno en su sitio.” Labios míos por qué os sellasteis, corazón por qué no sangraste. En esos momentos, los de la ida, el sentimiento de culpabilidad te amordaza.
Padezco una prisión de once años, de vicisitudes, de contrariedades, once años que le dije; “O tú o ninguna”. Querido lector si llego a la meta, si llego a sus labios, a su cuerpo, si llego a su alma, dejaré estos relatos, estos lamentos, espero me sepas disculpar, y que como a mí, te haga feliz saber que por fin la reencontré.
"Diminuta"…así se llama…así la llamo…es una mujer linda, y su pecho me grita, sus manos me acarician, y los dos lo sabemos, sin más, nos queremos, ni la distancia pudo con nosotros. Ni los años. Lo consiga o no lo consiga, querido lector/a, ayúdame…y pide y ama un poco conmigo…tal vez el cielo nos escuche mejor. Tal vez el universo me perdone de una vez.

Juan Antonio

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