martes, enero 13, 2009

La aventura de la vida,y el final del guerrero...

Tintín cumple 80 años, eso leí hace poco. De niño me apasionaban esas historias, no voy a negar que me sigan apasionando. Cuentos de la niñez que llegué a creer. Tintín éramos todos, el protagonista de aquellas inolvidables aventuras, como tantos otros héroes que pasaron por nuestra adolescencia. Y un amor que creíamos imposible pero al mismo tiempo necesario, el amor del héroe. Tantas mujeres como aventuras pero un solo amor, la protagonista de su corazón. Esa chica que sobresalía sobre todas las demás, la chica de sus sueños, la que siempre espera el retorno el viajante, la que nunca le falla, la que siempre está.
De adolescente gestos que aún perduran; “hoy le tomé la mano”, “hoy me dejó abrazarla”, “hoy el beso llegó a los labios”. Y cómo dormías aquellas noches en que ella, la verdadera aventura de tu vida te decía; te amo. La primera novia, el primer amor, la primera ilusión, y todo se te antojaba posible, con ella, eso sí, con ella. Te perdías entre la compañía de los amigos, y estar con ella, que es lo que realmente querías. Hasta que sin saber por qué, venía un corte en esa relación, las vacaciones, otro curso, lejanías que te llevaban a otros lugares, lejos de todos los cuentos, sí, te hacías mayor, y veías las cosas con menos ímpetu, más calladamente, sabiendo en el fondo de tu corazón de esa voz callada que murmuraba; “la sigo queriendo”.
Qué lejos queda la inocencia de esos primeros amores, qué lejos queda todo del mar del náufrago. No cumplimos años, cumplimos momentos, situaciones, circunstancias, hechos y renuncias, recuerdos que nos traen y nos llevan, cumplimos, sencillamente, la vida. Depende de cómo te alejaras de tus aventuras o no, así te iba posteriormente la vida, los que dejaron de creer, los que aún creen, aunque sea en un rinconcito del corazón. Momentos a solas contigo mismo donde te cuentas los cuentos más hermosos y terribles, al mismo tiempo, de tu vida. Cumplimos vida, ni más ni menos. Para unos una pesadilla, para otros la alegría de vivir. Y para algunos más el mundo de las oportunidades sin tener en cuenta nada más.
Desde este momento que me ocupa, sentado sobre mis cincuenta y cinco años, recuerdos y una memoria que me indica que todo está bien, que pasó lo que tenía que pasar, nada más. Es lógico que no volveré, no, nunca lo haría, que casi no me arrepiento de nada, exceso de corazón, vehemencia humanitaria, pero a mis edades quién cambia todo eso, y además es que no quiero cambiar. No sé de envidias, ni de rencores, no sé de venganzas, pero sí, desde la más tierna de las humildades, a veces, me permito un grito, un gesto airado, una súplica tal vez, como quien desde unas mazmorras que no comprende clama al cielo; ¿¡cuándo se acaba esto!? Pero no me puedo quejar, además que tampoco aprendí a hacerlo, no tuve tiempo.
Cumple años la vida, la de todos, la de nuestros recuerdos y memoria, y hoy hace frío, al lado de una estufa, que también se me queja, escribo estas sensaciones. Esta vez sí lo digo, esperando esas dos manos que me den el fuego que alienta, la chica de mis aventuras, depositando sus labios sobre los míos, susurrándome; “Lo has conseguido, estás en casa, ya llegaste, soy yo”.Y fundirme en su cuerpo, a ser posible desnudo, en un largo y profundo sueño.


Juan Antonio

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