Atrapado en sí mismo
Pasan los días, que no la vida, y el sueño sigue encriptado. El tiempo me ha debido dejar en no sé qué lugar de mi no-existencia. No consigo recordar, han desaparecido los decorados estructurales de mis circunstanias, y una leve desazón me avisa que siempre queda "irse". Pero, irse adónde. Morir debe ser como olvidarse uno por completo. Olvidar todo lo que un día llegaste a ser. La única impresión, ahora, es el día a día, esperando que tarde o temprano llegue esa luz que me indique el final del túnel. Y el cielo sigue enviando señales. Pero, en esta ocasión la realidad supera todas mis ficciones. Formo parte de ese sueño que soy yo mismo. He apurado cualquier posibilidad de reconstrucción, sólo queda la supervivencia. ¿Qué significará esperanza? Imaginé la ayuda, esos medios que allá arriba te envían, pero no consigo sino la espera, lo dije antes, ya no sé qué espero.
El sentimiento de preocupación cada vez es más fuerte, en cinco meses he debido envejecer como lo hubiera hecho en cinco años. Cualquier muestra de afecto, por leve que sea, me provoca un mar y la despersonalización es tal que existen momentos en los que no recuerdo mi nombre. Jamás tuve tanto miedo, como ahora, estando a solas. A solas conmigo mismo. ¡Qué lejos de quien fuí o llegué a ser! No existe culpabilidad alguna, mucho menos rencor, ni resentimiento alguno. No regreso a ninguna parte. Lo sé, la mentira es poderosa, corroe, oxida, destruye. Y en la verdad lo único que te queda es esperar que en cualquier otra hipotética vida, se sepa la verdad, que todo se sepa, o que todo se olvide.
La soledad, la que me ocupa en estos instantes, es callar, callar lo que no consigues contar a nadie, y para mí sigue siendo mi única realidad, mi única verdad; lo que siempre callé, lo que jamás contaré. Quien dijo que la distancia fortalece el amor, se equivocaba. Yo no consigo recordar cómo era vivir acompañado y mucho menos qué significa "estar enamorado". Morir debe ser como despertar de este oscuro sueño donde todo me ocurrió al revés de como yo imaginaba.
Mis folios ya no son blancos sino amarillos. Deben existir tierras entrañables, estoy seguro, yo las soñé en mis sueños. Tierras sembradas de buena gente y buenas costumbres, de sudores recios y antiguos, donde en primavera broten sonrisas, y árboles de alegrías, vientos de sosiego que calmen.
He llegado a pensar que no soy de aquí, que esto no es más que un examen, el cual creo que suspendí de la "a" a la "z". La imaginación me susurra, no obstante, que tal vez consiga un aprobado justito, que el que inventó todo esto no es tan severo. Aquí me tienes, a mis edades, esperando la nota final. ¿Son así los finales? Aún no lo sé, por si acaso he dejado mi alma en las orillas del mar y mi cuerpo se baña en los vientos. Desnudo, como siempre me gustó y por único equipaje, mis pensamientos.
La libertad debe ser otra verdad, y no va conmigo, no va conmigo. Ahora lo comprendo, ¡yo soy el sueño! Hay minutos, segundos, que justifican una vida. Si yo pudiera expulsar de mi pena todos estos fantasmas, si yo pudiera. Ver para recordar, hacer para comprender...
Juan Antonio
P.D.
"Soñar, para exultar. Amar,
para morirnos bellos".


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