lunes, marzo 31, 2008

Un coloso en ese mar de confusión llamado paciencia...

En una extraña estación, sentado y mirando cómo pasa la gente, no sé qué hacer con mis manos, y no consigo detener mi mente. Ya no queda nada atrás, el tiempo de espera se me hace eterno. No sé si perdí el tren, no lo sé, espero, sólo eso, espero. Algunas despedidas fueron amargas, en otras sentí alivio, y en otras; esperanzas frustradas. Un pasado que no permite regreso alguno. Agujeros negros.
Cuando era niño me bebía las estaciones del año, olores, y en el primer día de cada una de ellas las presentía. Percibía ese cambio extraordinario llamado; el amor de la naturaleza. Un orden que me ubicaba en mis pocos años. Las costumbres, los deberes, la tradición, la familia unida, las primeras ausencias. Y yo aprendiendo a vivir.
Cuando era niño jamás imaginé que un día llegaría a ser grande. Mi niñez fue una leyenda de fábulas en cascada. Un mundo maravilloso donde los brazos de mis mayores y familiares que me querían formaron mi universo. Conseguí aprender a amar viendo cómo amaban los demás, interesándome por sus problemas, viviéndolos, involucrándome, intentando posibles soluciones.
Cuando era niño veía el mundo a través de los ojos de mis mayores. Pero, ya en esa tan tierna edad, me permitía aconsejarles. Me atraía todo, la música, los animales, las letras, lo nunca sospechado, el descubrimiento de mi cuerpo, los juegos, las niñas, y mi eterna playa, la que me vio crecer. “Calla niño, qué sabrás tú”. Y me sabía a gloria.
Cuando era niño los cuentos de los vecinos eran el hilo conductor de la historia. La de España, la universal, la mirada, la impronta de cada uno de ellos. Y yo solía escuchar. Aprendiendo que en la vida no todo es amor, pero sí son muchos los caminos que nos conducen a una cierta comprensión que no conformidad. Que la vida sigue, y sigue, y sigue.
Llegué a decir casi todas las palabras que jamás me pidieron. Llegué a inventar a diario un mundo nuevo. Para resistir, para sobrevivir. Llegué hasta aquí. Y te cuento estas cosas. Sin haber aprendido aún cómo son las despedidas. Son velos, disfraces y corazas, para no sentir que ya no vuelo, que ya no sufro, que ya no estoy. Para no decirme que sólo soy el viajero de mí mismo.
Dentro de nada, cuando las fuerzas regresen te diré esas otras palabras que jamás me pediste, pero que sí sembraste. Son cosillas sencillas, algunas también tiernas, son esas cosas que los enamorados de toda la vida utilizan para irse sin tener que despedirse. Un “hasta más ver” en susurros con sabor a un “hasta luego”. Cuando la verdad es que sabes que es un “hasta nunca”. Cuando uno sabe que no tiene de qué ni de quién despedirse, porque jamás existió, las cosas funcionan así.
Fueron tantas las mentiras que sólo pudo llamarlas “su verdad”. Y sigue viva y respira, como si la vida no supiera de verdades, engañándose en todo aquello que piensa que hará y jamás llevará a término. Sueños de las mentiras. No agotó mi paciencia, pero sí consiguió que la ubicase en el olvido. Es que uno también tiene que respirar. Vendrán más días, donde ya nadie estará, salvo el amor, el que nos salva a todos, a unos les ensancha las verdades y a otros les recuerda las mentiras, esto va así, la vela a Dios o al diablo…a los dos imposible! Suerte!!!
Sólo te deseo “señora” que todo lo que me pasó (a mí) contigo se lo encuentre en todos sus caminos, por muy sendero que sea…y así será, amén.

Peatón

martes, marzo 25, 2008

El principio y el final somos nostros mismos en este círculo maravilloso llamado vida.

Iremos…los dos, tú y yo, donde el destino nos lleve. En la barca de la locura surcando mares de cordura. Y regresará el pasado con los papeles intercambiados. ¿Cuántas historias más habré de vivir?
Viajero perdido en una selva que no se le antoja nueva y que a pesar de todo experimenta, y lo sabe, una viva emoción. Constatando lo proclive a todo lo nuevo que soy, a cuántos silencios me salgan al paso. A olvidos prematuros. Para no enfrentar amor alguno por muy sincero que se divise. Nunca necesité motivo alguno para las despedidas.
Podré sufrir, podré vivir atormentado, pero los ríos de las palabras no cesarán. Sintiendo que de nuevo arden los sonidos del amor en las hogueras de los sentimientos. Un genio loco aprisionado en esa lámpara mágica que llamo; locura de amor en las manos de un destino con forma de círculo maravilloso y por ello también vicioso.
Yo soy la sombra de todo lo que no he vivido y jamás viviré. Enano en un circo llamado vida que jamás llegué a entender ni entenderé. Necesito paciencia, cariño, tiempo, para mantener ese equilibrio en la balanza de todo lo incumplido. Lo sé, lo aprendí, y lo mío es de nacimiento, si el compromiso es sincero, es contigo mismo, con nadie más.
Cómo alejarse uno de los tóxicos de los días, de los años, si nos abandonamos a nosotros mismos en los vacíos de las novedades. Yo me quiero invisible, abstracto eternamente. Pero cómo esconderme entre las cortinas de la soledad. Yo me quiero solo y soledoso.
Me dicen hoy; ¿adónde van los sentimientos contrariados? Un espacio llamado soledad que se diluye en el tiempo. Tal vez sólo sea eso; la acumulación de todas las contrariedades sufridas hasta hoy. Pero, cómo escapar. Utilicé el perdón para liberarme de mi pasado. Y sí, sí creo que me merezco mi propio perdón. Necesitamos perdonarnos. De eso se trata. Por todo, por nada, por seguir viviendo, por seguir amando o no, por seguir, simplemente por seguir.
No creo que exista una fórmula mágica para las contrariedades en el amor, pero sí, ese sabernos un poco mejor, alcanzar otro peldaño más en la sensatez, en la cordura del día a día para alejarnos de la desesperación. Amé y no fui correspondido, amé, al menos amé, y mientras duró fue bonito. Aprender a amar en la escalera del amor, que no sabemos si sube o baja, si es de caracol o se nos antoja recta.
Y siguen llegando a mi playa flores huyendo de falsos amores. Y ya no sé qué más decir, salvo que vale la pena amar, a pesar de todo, a pesar incluso de nosotros mismos. Y estoy seguro que si sabemos salvarnos de la amargura, podremos conseguirlo. Yo propongo un espacio donde sabernos, donde retomar fuerzas, donde regenerar los sentimientos, yo te propongo tu propio espacio. Sabiéndote un poco más.
Yo te propongo, a ti mismo...

Peatón

miércoles, marzo 19, 2008

N o existe el "adiós..".

Claro que no queda tiempo para todo. Hoy perforo en el pozo del tiempo que se abre en el espacio en múltiples brazos subterráneos, hoy ya casi olvidados. El sentimentalismo atado al pasado es una lepra que anula cualquier futuro. Hoy me enfrento a un adiós. Las cosas han cambiado mucho, en tan poco tiempo, que mi carácter es efímero en cualquier situación que me encuentre. Por fin sé ahora el título del libro de mi vida; “El arte de la herida”.
He perdido contigo mi capacidad de amar, de mirar desde una cercanía inmediata, ya no me creo nada. Esto no va de añoranza, esto va de viaje a ninguna parte, pero yo me he ido. No consigo distinguir entre la mentira y la verdad, no existen explicaciones, ni adornos, ni nombres, sólo mis soledades en una habitación que se me antoja enorme. He decidido no ver morir a amor alguno, ya no más. Entre el olvido y el recuerdo yo me despido. Aparte de ti ¿te interesó algo más?
El tiempo no es más que una metáfora envuelta para regalo con piel de mujer. Lo sé de cierto pues me nacieron intemporal. Y el frío que siento no es de mi ciudad, ni de esas gaviotas que transportan sus aires en movimiento, no. El frío que siento es de la infancia; miedo a la soledad. Para alejarme necesité de todas las verdades de cuantos amores conocí. Me refugié en todos los brazos del ayer sintiendo la tormenta del futuro y solo.
Pudieron más las mentiras pues la verdad, en mi tiempo, andaba desprotegida. Qué hermoso era pensar que se puede amar en “carne viva”. La sensación es extraña y ahora que lo pienso, es cuando más intenso es el sentimiento; el fin del mundo es cuando uno muere, no hay más. Loco de mí que me serví del tiempo, el de las esperas, el de la paciencia, el de la esperanza, el tiempo que nos unía y nos separaba. Y lo digo yo que nací fuera de cualquier tiempo conocido.
Me esperan mis hábitos, los de siempre, asociados a las buenas costumbres, el conocimiento como lápida a tanto error, y sabré engañarme en la vejez con dosis de amnesia. Que un día amé, tal vez no lo olvidaré, pero sí que no conseguí ser amado. Y ahí estarán mis amigos, los de siempre, mis libros, mis inquietudes, mis enfados con el curso de los tiempos.
Estoy intentando penetrar en mis adentros, extiendo mi mano por si el corazón la sujeta y me pierdo, me pierdo en los recuerdos…
Esto no es un adiós pues ya no hay tiempo, no me queda tiempo...

Peatón

Adiós...

“Buenas Noches

Anochece en Calella y termina esta melodía que un día comenzó ..., espero la noche entre las agujas de un reloj y un amor que no fue ...., siempre incomprendido....pero a la corta o a la larga el malo fui yo ...., que te hace sufrir , que te hace esperar, que te trata mal..,el que te amó y eso de qué me sirvió.., pero hoy es primavera y hace días me pasó algo...,pensé que volvía una bandada de pájaros a mi corazón trayendo tu nombre ..., pero esa bandada anoche pasó de largo , me quedé mirando ....siguiendo esos pájaros con la vista , no son míos y se marcharon nuevamente ...
Sentí en mí la temida sensación de frustración, desánimo y de nuevo todo se tornó como antes..., ya no buscaré mas pájaros , me dedicaré sólo a volar y seré un gorrión solitario en el mundo...sólo volaré..., eso que nunca nadie podrá quitarme, es tan mío que nací para volar ....
Ya anochece en Calella y miles de luces veo encenderse , parecen de fuego y están vivas , mi rostro en penumbras se ilumina de a momentos con ella y en mis ojos un fuego perdido reaparece , quizás se quede para siempre o marche sin destino hacia la eternidad ....¿ que más da .? ya todo concluyó y hoy esa antorcha de fuego griego se consume ..., ya no puedo hacer más , ya no puedo más , ya todo terminó.., anochece y hace frío y la vida pasa como agua entre mis dedos , que ya no volverán a escribir un nombre , dejando en el olvido parte del alfabeto ...

Es de noche , y en Calella escribo esta carta de adiós que se une a otra escrita en un brumoso amanecer y así pasa el tiempo de la noche al día , del día a la noche y este pájaro levanta vuelo y se marcha para siempre ...
Un nuevo día surgirá ... un nuevo día que brindo por ti, por tus éxitos futuros , por tu prosperidad ,por tu felicidad , deseándote lo mejor del mundo ....,significaste mucho para mi , hoy me despido definitivamente.
Hasta siempre ... Juan Antonio
P.D. Mira las luces desde lejos, te guiñan con picardía, porque ven que en lontananza viene pintando el paisaje una tierna mazurca que dice mi nombre en tus oídos... Viene a instalarse en tu ventana, para decirte aquí estoy de nuevo para amarte... pero sólo es una ilusión porque yo ya me he ido…”

lunes, marzo 17, 2008

Soliloquio de mudos y sordos...

He llegado a pensar que algo mal debo hacer en el amor. Algo que hago, que digo, que pienso, que me expongo, que recibo, algo, no lo sé. Que me deja en un “entre-lugar” inquietante, y el sentimiento de culpabilidad reina en mi alma. Cómo pasar por el amor de puntillas, cómo entrar y salir de ese sentimiento que desde niño me abrasa. Ese milagro de amor, que aprendí hace tanto tiempo del que ya sólo me queda la huella. Saberte en el amor, saberte cuando inicias ese camino incierto, pero a ciertas edades, nada ni nadie te sabe consolar, todo depende de ti, de tu vida, tus experiencias y circunstancias. Y te resistes a abandonar.
Permito que se me exija lo que jamás estarán dispuestos a darme. Permito la tolerancia, el olvido, la educación, permito la intención de los sentimientos, a los buenos me refiero. Permito que me hablen como si fuera “otra amiga” en la cual confían. Permito incluso el tacto, permito que piensen que soy yo el amor de sus vidas. Lo permito todo menos a mí mismo.
No, no he venido a esta vida ni para juzgar ni para ser juzgado. Las cosas de la vida son así, pasan, se van, regresan, se acomodan en espacios permisibles a la razón o se olvidan, sin más. Soy como ese punto de apoyo que todos necesitan para mover sus mundos, algunos a punto de desmoronarse, otros perdidos, y otros, los que más, borrados de sus mentes, y viven en ese “otro mundo”, imaginado y creado por ellos mismos. El mundo a medida de la locura de amores perdidos. La transgresión obsesiva en los quehaceres del amor. Los enfermos de trascendencia amorosa. Los que a pesar de sus actos siempre salen ilesos de cualquier aventura amorosa, claro está. Tienen el libro de las excusas aprendido.
Dicen no guardar resentimiento alguno. Pero yo me pregunto ¿a qué? ¿a quién? Debe ser a ellos mismo, es obvio. Si por mucho que lo pienso no encuentro más que una salida para estas personas; que se olviden de sí mismos y que vivan el día a día sin pensar más allá de sus propias narices. Es la manera más suave de insertarlos en el mundo que nos gira. Es como si te dijeran que están por encima de todo, de todo lo que les pueda llegar; “yo ya estuve ahí”. Y lo que no saben es que hay que aceptar las derrotas con la máxima dignidad, pues, en el amor, como en tantas cosas o se pierde o se gana. Esa es precisamente la grandeza de la batalla amorosa. Pero se ama, es lo que importa, se ama.
De dónde les nacerá la necesidad de “otra imagen”, que nunca están de acuerdo con la que tienen ¿de dónde les nace? No saben penetrar en el silencio, sus silencios. Alejados de sus sombras, y lo peor es que no tienen a nadie que les diga cómo tienen que hacerlo. Y por reino la tristeza, la desolación, la insatisfacción, y el tiempo les pasa de prisa y no lo saben, no quieren saberlo. No existe hora alguna que sea suya, no la ven, no la distinguen, quiere seguir, andar, más allá, seguro que es más allá. Y ya no saben diseñar los recuerdos. Pero cómo recordarles que aprovechen la vida, cómo. Hundidos en sus errores, los errores de sus vísceras. Y no saben, no lo aprendieron, cancelar el soliloquio de sus desastres.
Yo les invito a entrar de nuevo en la vida..les aseguro que es completamente gratis.

Peatón

domingo, marzo 09, 2008

en un espacio llamado soledad..

Tenemos la certeza, la absoluta seguridad, que lo que hacemos es lo correcto. En todo los ámbitos; en el trabajo, en la familia, hasta me atrevo a decir que en vacaciones. Lo que yo hago es lo que tengo que hacer y además es correcto. Incluso si lo que haces no tiene nada que ver con los demás, pero claro está, lo haces tú. Y nos permitimos la aceptación de ciertos errores, en una falsa humildad que nos eleva, no sé dónde, pero nos eleva, posiblemente al conformismo del simple. Y llegas a creerte.
Pasan los días, pasa la vida, y a tu manera sigues queriéndote, según las fuerzas. Y avanzas, no queda otra, hacia ese final que nos espera a todos. No recuerdas si lo correcto es el pasado, que, a veces, te reconoce y otras no, pero sí recuerdas que llegaste, aunque ya no cómo lo hiciste.
En mi vida el afecto ha jugado un papel importante. Del amor, pues no lo sé, aunque lo intenté, pero creo que nunca llegué a superarlo. Aún hoy espero ese amor que llene mi vida, que me colme para siempre. Del desamor sé bastante, me matriculé con honores. Con un poco de suerte, por ahí arriba se dan cuenta y me permiten esa compañía, pero bueno, mis esperas ya son calmadas, aprendí tanto en la paciencia.
No se trata de lo que uno deja atrás, creo que se trata de lo que uno conserva, de esa ilusión amorosa que un día te permitió zarpar en mares de sueños y delirios en ideales esperanzados. Ahora me siento yo, ese niño que ha regresado a mi cuerpo, la misma mirada, la misma sensación, en este presente que me ocupa, sinceridad con uno mismo me predico, y seguir caminando, avanzando. Pero no consigo cerrar del todo la puerta, es que nunca se sabe si aparecerá o no, ese amor soñado, ese amor por mí contado.
Lo correcto debe ser saberte, conocerte y aceptarte, tal y como eres, supongo, pero de qué me sirve si no puedo compartirlo, al menos la soledad de mi nueva casa me acompaña, la que nunca me defrauda. La que me ayuda a pensar en los sueños y retos del pasado, los que van llegando, los que diviso a pesar de mis intuiciones adversas, y cómo no equivocarme, si precisamente el error es no cometer errores.
Anoche soñé que dormía contigo, fue al girarme y sentirte en esa patria mía, la de siempre, la de mi niñez, la que me protegía y me hacía hombre, y cómo te amé sueño mío, cómo te amé. Algo de ti había de presente, pues hasta mi soledad te sonreía. Anoche soñé que no soy solo, sino que tú eras mi compañía.
Cómo será saberse en compañía...

Peatón

domingo, marzo 02, 2008

La cultura de los de "te falta un hervor".

“Hace años que me doy cuenta y no me importa, pero nunca se me ocurrió escribirlo porque la idiotez me parece un tema muy desagradable, especialmente si es el idiota quien lo expone.” (J.C.)

Hoy es uno de esos días donde el “duendecillo interior” te habla sin cesar; “no te conformes, conformarte es morir, sigue, sigue luchando, lo conseguirás”.
Son muchas las veces que pensamos que todo aquello que no tenemos es lo mejor. Que pensamos que nos hemos perdido demasiadas cosas, según los tiempos que corren, claro está.
Este ciclo llamado vida y los laberintos de los quehaceres diarios. Esos rituales vitales que sólo dependen de nosotros. La parte positiva de los días, aunque algún idiota que otro se proponga estropeártelo.
Y es que hoy en día es habitual ver pasar a la gente, y de puntillas, sobre las grandes verdades de la vida. A quién se le ocurriría profundizar sobre algún tema sin ser sospechoso de; “loco, a este tío le falta un hervor”, “este tío es idiota”. Eso sí, se permiten opinar sobre todo. He llegado a creer que no es que no quieran profundizar, es que tampoco les interesa, algunos ni son conscientes de ello, que es mucho peor.
Qué puedo aconsejar cuando me encuentro con tantas vidas a la deriva, no lo sé, a qué le digo que se sujeten. El movimiento actual, en este mal llamado mundo desarrollado, no es ni más ni menos, que la sensación que pronto todo se acaba, y según esa máxima, todo es válido. Eso sí, ellos siempre están a salvo del desastre, que según ellos, nos vemos envueltos los faltos de un hervor.
El valor de lo esencial no es más que una quimera. Lo más lejos que pueden llegar hoy es, precisamente, a pensar qué se lleva “hoy en día”. Cuáles son las últimas novedades tecnológicas, en comunicación, en museos, en ópera, en teatro, (en el tomate, ya desaparecido, que nadie veía pero que todos comentan, rip). Pero es cierto, cómo dominan esos aparatitos, los móviles, los juegos, y otros tantos, los cuales enchufamos al pc, y se nos aparece la virgen de todos los remedios. Y, entre usted y yo, se les pone una carita de tontos. Eso sí, cómo dominan, sin el manual, esos equipos (chismes), qué maravilla.
Pienso, no sólo lo pienso, estoy seguro, que la objetividad de estos inventos aplicados a procesos que mejoran las redes de comunicación industrial, pues sí lo veo y considero necesario y hasta bueno, si el objetivo es un bien social. Si mejoran la iniciativa, la calidad, es decir, que el invento no sea un objetivo en sí mismo, ni algo de lo que se pueda presumir como “status social”; “yo tengo una black berry que te cagas”. Ahí emerge el idiota, ahí mismo y además luce como traje nuevo la maquinita en la mano.
A estos, que presumen que no les falta ningún hervor. No quiero explicar la acepción de la palabra hervor, es que me da la risa, espero me sepan comprender, pero queda tan mono, tan pijo, según ellos, decir; “le falta un hervor”. Son esos que ya nada les sorprende, los que creen que están de vuelta de todo, a los que ya casi nada les interesa, a menos que les permitan hablar, explicar algo, y van y lo hacen. Esos que no saben que ya han dejado de creer.
Cómo sería el mundo de estos “robots”, lo de robots es porque los fabrican en serie, hablas con uno y es que si hubieras hablado con todos. Eso sí “venidos a menos” pues han perdido lo esencial, lo han perdido todo menos el poder de joder a los demás. Me pregunto cómo será subir un peldaño en el estatus social de estos robots, hasta dónde tendríamos que subir el cielo para poder satisfacerles.
No, no les contemplo como un caso perdido, al menos servirán como ejemplos a generaciones futuras, las cuáles sabrán cómo evitar “la idiotez del robot” que no supo adaptarse a los verdaderos latidos de la vida.
Qué difícil sería conseguir que regresasen a sí mismos. Que se devolvieran a las raíces de las sonrisas naturales. A la actividad diaria entusiasmada que nos hace superar obstáculo tras obstáculo, y no esa otra que no lleva más que a la condena de la rutina, a las miserias de las propias insatisfacciones.
Llévate a otro momento alegre, a otro rato, a otra meta, a otro día, el espectáculo de la vida, donde sabrás y comprobarás que sigues siendo tú mismo, a pesar de los señores de la oscuridad que por bandera llevan; “la falta del hervor, club de robots reconocidos”.
No pasa nada, es sólo un poco de vida… no te asustes..

Peatón

ecoestadistica.com