A día de hoy...
A medida que te alejas en el tiempo y en el espacio, de las tragedias vividas, amores, alegrías, experiencias, la memoria del presente se empeña en negarte el futuro, que crees, te pertenece. Y es entonces cuando la melancolía y la nostalgia se adueñan de tus sentimientos. Pues, no hay armadura que proteja del destino. Ya no controlas los sentimientos, éstos te controlan a ti. A día de hoy, son las carencias el principal motor de mi vida. Te quedas sin ideas aunque el enigma siga ahí, perteneces a los que desean olvidar y tirar hacia delante, y ya no te importa saber quién es quién.
El desorden y el azar de mis días me vinieron impuestos, jamás los busqué. Por lo tanto, tu vida, lo sabes, no tiene principio ni fin. Ya no puedo pedir que el lugar que me ocupa sea inteligible. Aunque, lo reconozco, la desengañada experiencia llega a ser valiosa. No, no quiero hurgar en el pasado, y quiero seguir ciego sobre lo que me pueda pasar en un futuro no muy lejano. ¡Qué extraña impresión! Sobre los acontecimientos, nunca llegué a lugar alguno en el momento justo. Hace días que no me encuentro, ¿dónde me habré perdido? Aquellos momentos en que la inocencia me permitía fijarme en todo, abandonado a la infancia sin saber que me hacía adulto. Que tenía que aprender a vivir. Dicen que cuando comienzas a vivir como adulto, dejas de fingir. Pero yo creo que es al revés. Se convierten en alguien, se endurecen y olvidan que una vez fueron inocentes. Yo nunca, es cierto, entendí mis querencias por los abismos. Las ideas se me anticipaban a la realidad, creyendo que todo lo puede la fuerza del amor. Me llegué a sentir de naturaleza divina más que humana. ¿y todo esto para qué?
Mi único paisaje real, arena, mar, sol y cielo azul. Las sinrazones y sinsentidos de mi vida. Dádme un puñado de arena, de las playas de mi infancia y os podré contar cómo son los mundos. Estoy en un guerra, lo sé, que nunca fue mía. Lo poco que poseo son imágenes de todos los mundos que visité, y en cada prenda un amor. Pero, la percepción necesita colaboración cuando toda la casa huele a memoria, y yo soy solo. Soy ese momento de soledad, esa forma única que muta y decrece o crece, según los recuerdos, con todas mis historias a cuestas. Iniciándome, a cada momento, en una cascada de pensamientos sin saber adónde llegaré. Incapaz de extraer conclusiones sobre ese resbaladizo terreno; los olvidos. Atmósferas separadas pero inmediatas que, a veces, te impiden respirar. Pobre corazón mío, preñado de matices e imperfecciones, embobado delante del escaparate de su propia vida.
Yo quise lo sorprendente, lo peregrino, examinar de cerca y tocar con mis propias manos lo que estaba a punto de nacer. Lo gozosamente tangible a los ojos del amor. Ese gesto, que te indica cuando surgen las ideas, ideas que te llevan a conceptualizar cualquier ideología. Una ventana a todos los tiempos, a otros mundos jamás visitados, aún por descubrir. La creatividad se ofrece, te hace caer en las tentaciones, te hace descubrir que la abundancia del mundo son las carencias, y también, te mata.
Hay lugares en los que en ese mismo momento de nuestra noche invernal y anticipada hace sol y no existe el frío. Lugares que te permiten encontrar, no lo que ibas buscando, si no ese regalo que pertenece a la casualidad. Lo que te abre la perspectiva de aquello con lo que no contabas.
Sensual incertidumbre, materia de mi alma.
Juan Antonio

