A solas...
Cuando estoy a solas conmigo…
Y no tengo nada qué hacer, no sé muy bien qué hacer conmigo mismo. Y en esa batalla por la existencia me suelo perder a menudo en lugares recónditos a mi propia personalidad. En esa lucha contra los miedos, la guerra permanente, intento escapar de la realidad cuando ésta me resulta aburrida.
Realmente siempre he creído que existe un tiempo para cada momento; un tiempo para trabajar, un tiempo para vivir, y otro para escapar. Y otro tiempo del que nunca suelo hablar, para soñar, inventar y crear esa otra realidad a la que todos nos vemos abocados, donde intentamos consolar el agotamiento del día a día, el sudor de la vida misma. El otro lugar secreto de uno mismo.
La proyección es el camino válido si realmente tienes objetivos, sino los caminos se supeditan a las circunstancias que te ocupan en el momento. Y todo no es más que una deriva que te lanza a ese intento de recuperar lo que ya has perdido. O lo que simplemente nunca supiste valorar o conquistar.
Me propongo a diario, y sobre todo, cuando estoy solo, comprender que el camino nos lleva a todos al mismo lugar, que el camino de la vida, precisamente consiste en eso; en atravesarlo lo mejor que puedas, y con la máxima dignidad posible. Qué difícil es vivir como se piensa. Qué fácil dejarse llevar.
Las cosas son más sencillas que todo esto. Siempre supe que la vida me la complicaba yo solo. Pero nunca admití este loco viaje que supone la vida misma. Mi revolución consiste en un mundo mejor, tanto dentro de mí como en este ya viejo planeta que llamamos Tierra. Una revolución que intenta abrirse camino entre tanta incomprensión, y tan poco sentido común. Donde espero que las buenas palabras imperen sobre el sinsentido de las guerras. La teoría del miedo inventada por algunos nos acota miserablemente.
Cuando estoy a solas, conmigo mismo, las cosas se prometen reconciliadoras. Cuando estoy a solas el sufrimiento se agudiza. Y aunque sé que aún me tengo, aunque sé que las tristezas también pueden ser eternas, siempre me quedará esa isla refugio que soy yo. Esa isla que nacieron para un futuro mayor aquellos que me querían y me quieren.
Me he propuesto una nueva ventana, por donde respirar aire puro. Donde pueda acudir a vislumbrar el paisaje que sueño, que soñé y soñaré, el paisaje limpio de la vida prometida. El paisaje donde los adultos no tienen cabida. Donde nacen soles y mueren noches.
Regresar a la casa, al hogar, a mí mismo, regresar a ningún lugar, pero sabiéndome cada vez mejor. Regresar al futuro. Regresarme en esos instantes que soy más yo que nunca. Pasar del reino de la verdad al reino de lo auténtico, ser uno mismo, rebelde a esas otras verdades exteriores, elegir lo pertinente desde la propia experiencia. Aplicar el sentido común. Saber decir que no.
A solas es cuando nos conocemos, nos sabemos, y qué fácil es engañarse, qué fácil solicitar el olvido. A solas es cuando no nos escondemos. Donde sabemos que la vida va en serio, y que sin embargo todo es un juego. Y el circo de las palabras nos inunda, nos absorbe, nos libera. Esperando la última estación, ausente al viaje.
A solas vine, a solas me iré…pero mientras el camino dure yo amaré…
Juan Antonio


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