martes, octubre 31, 2006

La conquista de la ubicuidad

A la conquista de la ubicuidad…

“Nosotros los efímeros…”

Qué soporta las paredes donde la ubicuidad de la vida se sostiene. Qué lugar físico o mental hace posible el tiempo que va del principio al final. Quién soy que siempre ando buscándome. Qué habrá más allá de las variables lógicas e ilógicas de la razón. Ya no recuerdo en qué momento dejé de ser nómada.
Cada vez que me alejo de mí mismo el desconcierto me abruma. Como si viajara en el túnel del tiempo más allá de la velocidad de la luz. Como si regresara al origen, no sé qué origen. Quién me habrá invitado a este ciclo. Cómo escapar de él, o cómo cruzar lo antes posible.
La única razón de ser; estamos de paso. El viaje es de ida. Y el único requisito de salida es no recordar nada. Nacer al ciclo vírgenes de memoria. Todo es influenciable, todo se hereda, no cabe la menos duda. Pero la mente, limitada o no, es vida, vida en sí misma.
Somos los efímeros atrapados en un tiempo prestado. Somos el que se observa en el transcurso del viaje. Viaje vital para futuras opciones, futuro de eternidad. Las respuestas son las preguntas del camino. Camino de la vida.
Somos la búsqueda de no sé qué verdad. Y yo no soy más que el rebelde de un tiempo que jamás comprendí. Tal vez precursor del devenir. Pero de todas maneras, y ya que estamos aquí, no nos queda otra que vivir…

Peatón

lunes, octubre 23, 2006

Asomarse a lo desonocido...

Asomarse a lo desconocido

Andaba yo a solas, con mi imaginación y mis emociones. Anda yo a solas con una buena dosis de soledad en los bolsillos. Cuando, y sin desearlo, como por casualidad, me asomé a lo desconocido en la ciudad más caótica del mundo; el corazón de una mujer. Cuando penetras hasta el vértice del alma de una mujer, salir ileso, es arduo y difícil. Todo invita al compromiso.
Es entonces cuando descubres, y en esas sendas, que te diriges al centro neurálgico de la soledad, día a día, vivencia por vivencia. Comprobando que la belleza de ciertos paisajes está en su amargura. No siempre, claro está.
Recordé el llanto anónimo de una mujer. Recordé cuando decía que aún quería. Recordé aquella mirada perdida. Una mujer que se construía una geografía amorosa muy real para ese tiempo de soledad, y que a mi se me antojaba inventado. Soledad que no sabía qué hacer con ella, soledad que la transportó al terreno de lo desconocido. A un existencia sin rumbo. Limitando su tiempo libre a pensar sólo en ella. Reduciendo su mundo a una sola cuestión; ella misma.
Me sorprendía su espera, su calma, sus cambios de ánimo. Como si esperase un milagro del cielo que le devolviese el sentido de las cosas, el sentido de la sonrisa, y el de su vida. Como si las reglas fuesen mágicas y dependieran de las tramas divinas. Sencillamente una mujer, o lo que quedaba de ella, sin iniciativa alguna, una mujer sin capacidad de reacción. Una mujer a solas.
La soledad cuando no es deseada provoca un profundo sentimiento de tristeza. Como si a nadie le importase lo que nos pasa. Nos podemos sentir abandonados o inútiles. A veces simplemente aburridos. O dominas tu soledad o mueres en ella. Como cuando no buscas nada y te expones a todo, los riesgos pueden ser abismales y los resultados bastante amargos.
Aquella mujer pedía a gritos y sin saberlo, que alguien la sacara de aquella oscura habitación. Y me limité a invitarla a los días. Yo te invito y me invito a que mañana sea un día diferente. El día que no pasa nada, pero donde todo muere y todo nace, otro día más, otro día menos. El día que siempre soñamos para tomar las decisiones en calma y que nos permita caminar hacía el futuro. O al menos controlar nuestros presentes. Arrojando de una vez y por todas por la borda toda aquello que estorba; las excusas, las trampas, los espejos falsos, aceptándonos tal y como somos. Rodeándonos de gente que nos ensancha la vida. De actividades emprendedoras hacia el mundo de la cultura, cultura activa, como me gusta llamarla.
Paré entonces mi caminar, me apetecía fumar y dejar de pensar. Paré y descubrí lo iguales que somos todos. En las alegrías y tristezas. Sentí la brisa del día en mi cara, sentí la mirada agradecida de aquella mujer, que tal vez sólo existía en mi pensamiento. Sonreí. El día me era favorable. Ella me acaba de sonreír.

Peatón

P.D. Conocernos bien. Dejemos a un lado el miedo a mirar dentro de nosotros, y afrontemos la necesidad de saber cómo somos: nuestras ilusiones y ambiciones, limitaciones y miedos, quién quiero ser, cómo me ven, cómo me veo...

jueves, octubre 19, 2006

Yo me perdí...en una carta..

Hola,
No tener a quien escribir es horrible. Una carta de amistad, de amor, de afecto....una carta de confianza. Explicarte lo importante de la vida. Poder decirte aquello que para mí representa vida. Un poquito con el corazón en los labios, esperando una respuesta por muy escueta que sea. Una respuesta de afecto. Qué milagro sería si fuera de amor. Me perdí en los temas de urgencia; las cuestiones de la guerra y la paz, la libertad y los derechos humanos. Después en la madurez todo se iba alejando, como los recuerdos que el desierto llama espejismos. Quiero decirte lo que te deseo. Que cada día puedas decidir tu vida. Que puedas siempre y a diario pensar y recordar lo que modificó tu entorno y tu tiempo. Que tus tiempos sean una generación constante. Empezando cada día de nuevo, vivir, pensar, actuar, amar, crear tu mundo y a ti misma a tu manera. Que comprendas el mundo, que lo ames, que lo sepas interpretar, un mundo, tu mundo, dotado de significado. Que lo puedas construir y que te sepas interpretar a ti misma en él. Yo me perdí en otras batallas, en paradojas implicadas en la humanidad, soñando en un mundo mejor, deseando compartir mi mundo, con alguien que tuviera las mismas inquietudes. Y me perdí más cuando supe de tu existencia. Debo regresar a mí mismo. Conseguir hacer mi mundo menos ajeno, encontrar un lugar en él...y si puede ser con unos ojos que miren en la misma dirección que los míos.. Yo me perdí en no sé qué punto del camino.... Yo me perdí esperándote....

Peatón

martes, octubre 17, 2006

Recuerdos...a bote pronto..

Recuerdo aquellos días en que el amor se debatía como cosa de dos...cuando se debatía en el final para lograr todos los principios. Recuerdo cuando el amor procedía de una fuente para dos bocas. Aquellos instantes en que parecía detenerse el tiempo y un suspiro nos avisaba del tiempo que faltaba para que aquellas dos almas se encontraran. Recuerdo, en esos pensamientos, cómo los pájaros cantaban sinceridad...para que un corazón hambriento pudiera volar.
Recuerdo el amor, y me gusta...
¿Qué se habrá interpuesto entre ese amor y la verdad? ¿Qué habrá sido de aquella música que anunciaba esperanza? ¿Que clamaba sinceridad?
Son caminos,,,a veces senderos, caminas y crees que vas bien,,,,, aunque las sombras de ciertas nubes te avisen, que tarde o temprano habrá de llover...Te avisen de que no se puede evitar lo inevitable....
Creo recordar el amor, a veces, cuando a solas el corazón me engaña y me susurra, recuerda, recuerda....
No sé, tal vez se haya parado el reloj....el reloj que mide los recuerdos y tal vez, también el amor..
Puede ser que en algún cielo azul brille aún la luna, la luna de mis recuerdos, la luna de mi amor..
No lo sé, yo tan sólo recuerdo...Y yo recuerdo ya sin esperar....tan sólo recuerdo...

Juan Antonio

viernes, octubre 13, 2006

"Pasar página..."

Se desliza el alma por las paredes de la habitación. Las puertas y los balcones se han cerrado. Palpita el corazón herido y la razón enloquece. Y el horror del tiempo, del único tiempo que dispones, se suspende en la lámpara del gris techo. La atmósfera la define el despecho.
EL grito apagado quiere amanecer. Lágrimas que inundan la cama, otrora compartida, lágrimas de rabia, lágrimas de dolor. Un río que se desborda, incesante, buscando salidas, salidas que alivien el dolor. Salidas que den al mar de la comprensión.
Qué concepto, qué idea, qué imaginación o pensamiento serían capaz de apaciguar la tormenta de la traición. Qué paraguas detendría esas aguas inesperadas. Porqué mis lágrimas no asomaron nunca en la felicidad y sin embargo siempre son hijas de la amargura y la decepción.
Necesito un tiempo que traslade a ninguna parte, un tiempo que me indique el camino del olvido, un tiempo que me devuelva la verdadera dimensión de las cosas.
Quietud, ausencia, silencio, que el amanecer llegue. Que este ojo de huracán se desvanezca. Que las cosas se ubiquen, que regresen a su lugar. Amanece.
No pasa nada, absolutamente nada. Salvo el dolor que por fin consigue abrirse camino. La vida de nuevo fluye hacia el mar inexorablemente. Inexorable paso de este maldito tiempo. Y vendrán aguas más tranquilas.
Amanece y de nuevo toca la vida. La vida que espera siempre, la vida que todo lo puede, la vida que todo te lo da, la vida que todo te lo quita. Guárdate siempre una de esas lágrimas de la amargura, en el cajón de la mesita de noche. Por si alguna otra vez te toca de nuevo amar. Para aprender a ganar, a ganar. Porque de perder ya sabemos bastante.
Me encantaría hacer un master sobre “pasar página”, en cuestiones de amor, claro está. ¿Sabría decirme alguien de alguna universidad que lo imparta?
El amor en el ojo del huracán…

domingo, octubre 08, 2006

Una imagen, demasiados espejos...

Una imagen, demasiados espejos.

Qué distancia existe entre mi realidad y las ilusiones de mis sueños. Entre la tristeza y ese lugar que es donde más me quiero.
Se me amontonan los sentimientos. Nunca fueron eternos. Pero sí preñados todos de historias. El que se dedica a liquidar las conciencias no pudo conmigo. Aunque fui consciente de que el barco se hundía, jamás abandoné, ¡nunca! El cofre de mis sueños. Mi único soporte ideológico. Y te aseguro que la vida se encargó, día tras día, de impedirme dormir en la misma cama que mis sueños.
Agua entre las manos y los blancos y los negros que me impedían ver los grises. Una vuelta más de tuerca y me hubiera roto. Pero en mi vida siempre han tenido más prestigio las dichas que las desdichas. Sirviéndome de aquellos senderos que otros recorrieron; los sueños de una vida en libertad. A la búsqueda de la casa de los encuentros.
“La realidad es una cosa lejana que se acerca con infinita lentitud al que tiene paciencia”. Y aunque las respuestas nunca lleguen, por lo menos te sabes en el buen camino. No pierdas nunca la capacidad de “hacer amigos”. Basta con ser auténtico y discreto. Y que tu individualidad sea dialogante. No caer en el cinismo ni en el silencio, y apostar por la conciencia como espacio entre la intimidad y los vínculos colectivos.
Mi mundo afectivo siempre se me mostró a través de las miradas y del pensamiento. Torpe de mí intentando ocultar mi mundo. Mi mundo infantil que me delataba. Qué pronto comprendí que el mundo ha de ganárselo uno. Que todo en la vida te empuja para que te sientas mayor. Tal ver por eso nunca me pesó el tiempo pero sí las miradas.
Padezco cierto estupor ante este nuevo universo en construcción. Pero, quién no ha sufrido, alguna vez, el silencio de la ausencia. Y aunque hoy sólo sea un hombre fragmentado que ha descubierto el envés de los mitos y la fragilidad de los consuelos, yo jamás di con mis alas en el suelo. Y es que yo, y desde muy pequeñito, aprendí a volar (y valorar) a través del pensamiento tradicional.
Hoy, yo soy la imagen que regresa de los espejos…

Peatón

P.D.”Quienes pretenden liberarse del lastre humano no ascienden al escalón de los ángeles, sino que descienden al de las bestias”. (M.)

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