"Pasar página..."
Se desliza el alma por las paredes de la habitación. Las puertas y los balcones se han cerrado. Palpita el corazón herido y la razón enloquece. Y el horror del tiempo, del único tiempo que dispones, se suspende en la lámpara del gris techo. La atmósfera la define el despecho.
EL grito apagado quiere amanecer. Lágrimas que inundan la cama, otrora compartida, lágrimas de rabia, lágrimas de dolor. Un río que se desborda, incesante, buscando salidas, salidas que alivien el dolor. Salidas que den al mar de la comprensión.
Qué concepto, qué idea, qué imaginación o pensamiento serían capaz de apaciguar la tormenta de la traición. Qué paraguas detendría esas aguas inesperadas. Porqué mis lágrimas no asomaron nunca en la felicidad y sin embargo siempre son hijas de la amargura y la decepción.
Necesito un tiempo que traslade a ninguna parte, un tiempo que me indique el camino del olvido, un tiempo que me devuelva la verdadera dimensión de las cosas.
Quietud, ausencia, silencio, que el amanecer llegue. Que este ojo de huracán se desvanezca. Que las cosas se ubiquen, que regresen a su lugar. Amanece.
No pasa nada, absolutamente nada. Salvo el dolor que por fin consigue abrirse camino. La vida de nuevo fluye hacia el mar inexorablemente. Inexorable paso de este maldito tiempo. Y vendrán aguas más tranquilas.
Amanece y de nuevo toca la vida. La vida que espera siempre, la vida que todo lo puede, la vida que todo te lo da, la vida que todo te lo quita. Guárdate siempre una de esas lágrimas de la amargura, en el cajón de la mesita de noche. Por si alguna otra vez te toca de nuevo amar. Para aprender a ganar, a ganar. Porque de perder ya sabemos bastante.
Me encantaría hacer un master sobre “pasar página”, en cuestiones de amor, claro está. ¿Sabría decirme alguien de alguna universidad que lo imparta?
El amor en el ojo del huracán…


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