domingo, septiembre 24, 2006

Entre bastidores...

Entre bastidores

Que sea entre tú y yo, reservadamente, que no trascienda a nadie más, lo que yo ahora te cuento.
Quién me mandará intentar abrir vías de fuerza hacia lo desconocido y lo inquietante, si lo único que me produce inquietud son las cosas que no puedo corregir y que tampoco espero vayan a cambiar. Yo que jamás tuve voluntad alguna de corregirle la existencia a nadie.
Lo que me duele es mentir, la mentira. Y sigo teniendo ilusiones: las de la amistad que dura toda la vida, las del amor que convierte a las personas en mortales y perpetúa la existencia.
Un lugar donde todo son expectativas. Donde nada se de por supuesto. Donde ternura y realismo lleguen a un acuerdo pacífico, claro está. Y debe existir un lugar donde seamos capaces de superar el amor. Bueno, si no podemos superarlo que no nos inquiete demasiado. Me contaban hace poco que existe un pueblo donde los aspectos más tormentosos de la relación amorosa rozan, demasiadas veces, los límites del absurdo. Pues a mí que no me inviten a ese pueblo. Absurdos y enamorados, ¡pues no! No hay quien lo aguante.
Si yo te contara la estupidez que flota por encima de la verdad, si yo te contara. Así es que no hay manera de llegar a ella. Fíjate que antes la gente moría y se la enterraba, pero ahora no. Ahora se van. Como si te despidieras de un amigo, al que en lo más íntimo de tu ser, sabes que nunca más volverás a ver. Lo que queda de un entierro ahora, aparte de la memoria del difunto, y no en todos los casos, es lo que costó el sepelio. Algunos son “pijos” hasta para eso. Que si el ataúd era nike, que si el aire acondicionado era loewe, etcétera, no te quiero abrumar con el poder adquisitivo de otros.
Es lo que decía el poeta, “la sinceridad y el ingenio son, para muchos, virtudes chocantes, qué sólo deberían mostrarse en público decentemente veladas….” Hoy en día no hay quien aguante una verdad, y ya no te cuento un entierro.
Cómo añoro la calidez de una mano femenina, cuyo poder de contacto sea único, y que su alcance sea universal. Cómo añoro sentirme sabio como cuando era niño, contagiado por las alegrías. Es cierto, el pasado está hecho de todo, sobre todo de personas, de actos humanos que lo ahornan. Gente con la que te puedas medir, aprender y crecer día a día. ¿Será que necesito una nueva mirada?
Antes de levantarse el telón quiero que me contestes una pregunta; ¿Por qué no superamos el amor? Empieza la función; “nuestra nueva vida”.
Hablamos luego. Por cierto, si eres capaz de contestar la pregunta, no hace falta que vengas…

Peatón

P.D. Todas las personas nacen como original, la mayoría muere como copia. (P.)

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