Vivir el presente...
"No busca nada porque nunca lo ha tenido"
Sin embargo huye de todo. Y cuando las voces del silencio la arrastran a los misterios del impacto de la soledad, se aceleran los momentos más dolorosos. Necesita vivir de nuevo, sentir.
Aquellas imaginarias culpas no afrontadas, la experiencia del dolor que se vuelve obsesivo, como un arroyo cristalino que discurre por un gran cauce de granito. Una corriente subterránea de agobio, quiere gritar pero no lo consigue.
Y se ve envuelta en el regreso incesante a los acontecimientos claves, intentando ver alguna salida diferente, como si las cosas hubieran podido discurrir por otros caminos. Y quiere llorar pero ya no recuerda cómo.
Desea romper todos los sortilegios, entrar (no sabe dónde) aunque sea a ciegas. Sin percibir que ella es la trama mayor de lo que vive, de lo que cuenta, de lo que ya no sueña. Quiere renacer a otra historia, otro punto de encuentro que la ubique en la normalidad del día a día.
El dolor pasa a fuego lento, los brotes de alegría son briznas de un fuego que ya no calienta. Promesas de vida, de libertad, y la búsqueda de la felicidad, la que se niega. Y sigue huyendo a la vida, alejándose cada vez más.
Nadie está capacitado para sermonear al mundo, nadie lo está. Pero sí podemos compartir los sentimientos, las emociones, las relaciones, en un intento de encontrar otra vida más cómoda a esos efectos.
Personajes que salen y entran de tu vida, como la gente que sube y baja del autobús. Personajes que nos dejan un poco de inquietud, como si estuvieran a punto de revelarnos otra cosa más significativa, terrible o irónica que a fin de cuenta se va con ellos.
Yo creo, estoy convencido, de que todo puede ser más fácil, más claro, tal vez más sencillo. Pero que nos da miedo, en cierto modo, sacar a relucir parte de nuestros sentimientos.
Deja de buscar, vive el presente, vale la pena.
Peatón


<< Home