En la cresta de la decepción
Cómo se explica la decepción cuando es lo único que te queda. Ni mito, ni historia, sino sólo la verdad. Y dejemos de escondernos tras la verborrea idealista. El amor existe. El amor existe cuando el universo es su decorado y se concreta en esas dos miradas que se encuentran, que se descubren.
Te explico la historia de una cascada de decepciones, una tras otra, tatuadas en la piel. Una tras otra pasaron por lo que quedaba de mi vida. Una tras otra pasó para nunca más volver.
Queda algo en la memoria, queda algo en las manos, queda el amargo sabor de la decepción. Y piensas que todo pudo ser diferente, que todo aquello debe existir en algún otro lugar, lo que pensamos por separado, lo que buscamos fuera de nosotros y nunca encontramos.
Y es entonces cuando descubrimos lo lejos que estamos. El uno del otro, el otro de todos. Qué buscamos entonces, qué deseamos, qué nos está velado…
Demasiado tiempo en soledad, demasiado tiempo amando solo. Demasiado tiempo dibujando el rostro de un tiempo que no existe, que nunca existió, que nunca existirá. Pero cómo buscar la distancia adecuada para no volver a caer…
Sobre todas las cosas sigue el amor, sigue el latido extraño de esa pulsión llamada pasión. Como esa pulsión cabalística que nunca se rompe.
Desde que la pienso, pienso sin piedad. Cuando pienso en su vida la quiero llena de armonía, aunque sé que ya no está. Una vida llena de un sereno equilibrio, que por fin es feliz y encontró el amor.
Hoy en día padezco la crisis y la ilusión de una pasión resquebrajada. Yo soy el delegado de la filial del infierno en esta tierra llamada pasión.
Y ahora, cuando lo pienso, nunca está…Hoy padezco de su olvido. Hoy padezco del ayer.
Peatón
P.D. “Lo que hay de insensatez en el amor es que se desea acelerar y perder los días de espera. De este modo, en uno de sus aspectos, el amor coincide con la muerte.”
(A.C.)


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