Si suipéramos la entrega...
Su supiéramos la entrega, sabríamos la libertad
Estuvimos revoleteando, jugando, abriendo y cerrando los ojos, entregándonos a todo aquello que deseábamos sin llegar a decirnos el amor.
Estuvimos esperándonos sin llegar a decirnos. Y la verdad se resistía, mientras los sentimientos afloraban. Y seguimos jugando, esperándonos, diciéndonos, rozándonos.
Aquel beso que nos unió, aquel beso que nunca nos llegamos a dar. Aquel beso que nos separó.
Amándonos en los jardines del deseo, de las ilusiones, y a veces en los escondites de las decepciones. El encuentro apelaba su presencia, gritaba pasión. El encuentro anhelado, el encuentro que nos esquivó.
Acariciamos nuestros cuerpos sin llegar a tocarnos la piel. Y los labios se dilataban entre palabras de amor. Suspendida la mirada supimos la paciencia, el ruego, la duda, la desconfianza, para volver al principio; la amo, me ama.
¡Ay! Amor, si el destino me dejara, si el destino me dejara…
Decirte todo lo que pienso, decirte mis noches, decirte la entrega.
Si esta libertad me devolviera mi corazón, si yo de nuevo pudiera empezar, jamás te diría, tan sólo te tocaría. Con el amor de los antiguos, entre silencios y susurros, según las manos, el cuerpo y el deseo se conjugaran.
¡Ay amor! Si yo fuera libre, la entrega me hubiera llevado a nuestras libertades.
Peatón
P.D. “Hay dos maneras de difundir la luz... ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja.”
Y yo digo que existen dos maneras de quererte, una en silencio y otra, la más dolorosa, en la entrega que nunca se dio.


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