¿Nos adaptamos?
“Se trata de adaptarse…”
El mundo mágico fuera de toda razón. Y es que la mayoría de la gente vive pensando en otros mundos. Pero raramente en el suyo. Si me hubiera servido de la razón hace tiempo que me hubiera ido. Aunque, a veces, y aplicando el sentido común, me dije, “¿pero irme adónde?”
El empeño de la gente en analizar todas las cosas según les va es patético. Las cosas tienen un sentido diferente para cada uno de nosotros. Las cosas tienen el sentido que le demos. Yo siempre supe que la paz estaba y se hallaba en mi interior Lo que jamás me contaron es lo difícil que resulta conservarla.
Nunca pensé en volver. Como si aquellos otros tiempos nada hubieran tenido que ver conmigo. Aunque a veces la memoria te juegue malas pasadas y el corazón te traicione.
Lo que de mí queda no es más que una infancia, en este cuerpo que ya asoma con pasarme la receta del tiempo. Pero la mirada sigue intacta. La que siempre fue. La que amaneció conmigo.
Ni a la vida supe reprocharle. Inicié tantos caminos que se me olvidó si alguno realmente acababa. Inicios continuados de sueños nacidos de la impotencia. Y así no se va a parte alguna.
Según tengo entendido, se trata de adaptarse, adaptarse a algún entorno conocido. Imagino que a estas alturas de mi vida, también algún entorno pudiera fijarse en mí. Los intentos de adaptación me agotaron. Me reconocería en tantos lugares y en tan abundantes entornos, que identificarme me resultaría arduo difícil. Fui tantos que tal vez ya sólo me quede ser yo mismo.
Y la pregunta es devastadora, ¿Quién soy realmente? No es que no soporte la presión de la vida, sino que ya no soporto más presiones. Vaciado de mí mismo. Claro que aquí de lo que se trata es de adaptarse, ¡Como sea! No importa, pero adaptémoslo.
A las nuevas corrientes, a las nuevas tecnologías, según me explican a una nueva manera de vivir en todos los contextos y conceptos. Que me quieren arrojar al nacimiento de una civilización extraña. Extraño para mí, a pesar de que jamás supe ni quise adaptarme a entorno alguno.
“Son otros tiempos”, “crece”, “madura”, “adáptate”. ¿Crecer hacía dónde? ¿Madurar? ¿Con qué intensidad? A lo mejor no me he enterado y esto va de ser adulto y de comportarse como niños, tal vez sea eso. Un mundo donde todo está permitido y lo que importa es hacer lo que a cada uno le de la gana.
No existe contradicción más acusada que la de los niños. ¡Qué belleza y ternura! Y al mismo tiempo, ¡Qué crueldad y egoísmo! Las dos caras de una misma moneda; el monstruo que somos.
Pero qué pasa hoy en día que nadie se cree la vida y todos fingen vivirla.
El eufemismo diario y más habitual son los reproches y las quejas. Y si le añadimos que nadie quiere ser como es y que todos quieren ser no saben bien qué cosa, pues se me antoja que tenemos que dar paso a generaciones futuras. Y aceptar que la vejez es una virtud muy digna. Una cualidad inmensamente gratificante.
Me encanta mi tiempo y tener siempre presente que yo también, una vez, fui niño.
Así pues, y para adaptarnos, yo propongo El club de la risa. Nos podemos reír de todo y con todos. Como dice el tópico, hasta de nosotros mismos.
Creo que acabo de descubrir quien soy en realidad. Alguien con unas inmensas ganas de reírse, de reír siempre, de empacharse de risa sana.
Te invito a reír… ¿Quieres? Pues, por si no te habías dado cuenta, esto,va de risa, o qué habías pensado.
“Mi sueño Lo es todo
Yo que siempre Me supe
El hijo de la Nada”
P.D. Cae la vida, siempre cae. Y mi tiempo no es otra cosa que la caída.
Propongo, también, ayudarnos a no caer tan de prisa. Que se trata de ayudarnos a vivir. Y si no soportas no caerle bien a todo el mundo, al menos aprende a caerte bien a ti mismo, sería un buen principio.
Hace tiempo que aprendí que es la vida quien nos soporta, y no al revés.


<< Home