viernes, julio 21, 2006

Me curé de ti

Me he robado este pensamiento.

De las inciertas circunstancias de la vida misma. Dicen que el tiempo pertenece a los hombres y cada uno de ellos lo transforma a su manera. Esas luces que se encienden, perspectivas que se abren, el mundo que crece y empuja hacia delante.
Mi tiempo, como si todo fuera verdad. Mi tiempo plácido en la casa ordenada y muy soleada. Una casa donde los relojes parecen algo más que un elemento decorativo. Marcar el tiempo. Donde transpire mucha vida, allí me quiero.
Me gustaría hacer un monumento a este instante. Te acabo de recordar. Te aseguro que no cabe en una vida lo que por ti sentí. Ya ves, lo ínfimo puede hacerse inmenso, por acción de la memoria y la poesía del tiempo. No padezco de ancestrales resentimientos, no padezco de rencores. Padezco de recuperaciones, de capacidades de recuperaciones, de olvidos impuestos. Me curé de ti.
Si escribo es porque me supone una terapia continua. Si escribo es porque lo necesito. No quiero saber nada del micro mundo amable y triste del poeta. Déjame con la sonrisa franca y abierta del que necesita decir desde lo más profundo de sus heridas.
¿Qué origina tantas decepciones? Quiero pasar de la infelicidad patológica a la infelicidad normal. A la de todos. Mi amigo Freud qué sabio era. Comprendió que significa el arte de seducir y decidió no investigarlo más.
Y después, ¿qué nos encontramos? No creo que la libertad sea escapar. De ninguna cárcel. No creo que la libertad sea la huída. Y si creo que la libertad tiene mucho que ver con nosotros. Hay que saber deshacer las extrañas cárceles del alma. Volar y descubrir esos caminos que nos llevan directamente a nuestros ilusionados sueños. A lo que siempre quisimos.
Saber distinguir lo cualitativo de lo cuantitativo. Enfrentarnos con rebeldía a la disconformidad. Ésa que nos crea el continuado bombardeo de las necesidades. Se necesita tan poco para ser un infeliz normal.
Recuerdo aún mis paseos en solitario, por las calles de mi ciudad. Aquellas mañanas de mis eternos y sabios sábados. No importaba el tiempo; mi tiempo y yo. El estado de ánimo. Éramos tantos elevando el pensamiento. Que de vez en cuando nuestros despistes, en forma de miradas, tropezaban. Una frase aislada; un recuerdo. Una sonrisa espontánea; un beso. Y un deseo de esperanza; aún es posible el amor.
Caminar por las calles, por los silencios. Al pie de las calles. Aquellos encuentros que nunca busqué pero sí encontré. Oye las campanas cuando sueñan, óyelas. Házlo al mediodía, cuando las agujas del reloj triunfan las dos. Si lo consigues, cierra los ojos y déjate llevar. Oirás el murmullo feliz de las olas, de todas las olas del mar. ¡Qué hermosa caracola! Tu sueño y tú. Soledad que anhela, soledad que crea, soledad que vivifica.
Hoy yo recuerdo todos lo tiempos, y el tuyo también. Pasea conmigo por estas calles de cielos infinitos. Como hijos que somos de la humanidad. Siente la vida…siéntela…. Aunque sé que hoy ni nunca ya estarás….
Hoy te escribo desde mi tarde. Tranquilo y sosegado. Hoy te escribo desde mi libertad. Hoy te necesito. Te invito a soñar, caminar, ilusionarte. Te invito a quedarte. Desde esta paz nos encontraremos. Y ¡que importa el lugar! Si se trata de nuestra libertad. La tuya y la mía.
Qué ilusión saberte, ¡qué ilusión! No volver a recordar…

Peatón

ecoestadistica.com