Asomarse a lo desonocido...
Asomarse a lo desconocido
Andaba yo a solas, con mi imaginación y mis emociones. Anda yo a solas con una buena dosis de soledad en los bolsillos. Cuando, y sin desearlo, como por casualidad, me asomé a lo desconocido en la ciudad más caótica del mundo; el corazón de una mujer. Cuando penetras hasta el vértice del alma de una mujer, salir ileso, es arduo y difícil. Todo invita al compromiso.
Es entonces cuando descubres, y en esas sendas, que te diriges al centro neurálgico de la soledad, día a día, vivencia por vivencia. Comprobando que la belleza de ciertos paisajes está en su amargura. No siempre, claro está.
Recordé el llanto anónimo de una mujer. Recordé cuando decía que aún quería. Recordé aquella mirada perdida. Una mujer que se construía una geografía amorosa muy real para ese tiempo de soledad, y que a mi se me antojaba inventado. Soledad que no sabía qué hacer con ella, soledad que la transportó al terreno de lo desconocido. A un existencia sin rumbo. Limitando su tiempo libre a pensar sólo en ella. Reduciendo su mundo a una sola cuestión; ella misma.
Me sorprendía su espera, su calma, sus cambios de ánimo. Como si esperase un milagro del cielo que le devolviese el sentido de las cosas, el sentido de la sonrisa, y el de su vida. Como si las reglas fuesen mágicas y dependieran de las tramas divinas. Sencillamente una mujer, o lo que quedaba de ella, sin iniciativa alguna, una mujer sin capacidad de reacción. Una mujer a solas.
La soledad cuando no es deseada provoca un profundo sentimiento de tristeza. Como si a nadie le importase lo que nos pasa. Nos podemos sentir abandonados o inútiles. A veces simplemente aburridos. O dominas tu soledad o mueres en ella. Como cuando no buscas nada y te expones a todo, los riesgos pueden ser abismales y los resultados bastante amargos.
Aquella mujer pedía a gritos y sin saberlo, que alguien la sacara de aquella oscura habitación. Y me limité a invitarla a los días. Yo te invito y me invito a que mañana sea un día diferente. El día que no pasa nada, pero donde todo muere y todo nace, otro día más, otro día menos. El día que siempre soñamos para tomar las decisiones en calma y que nos permita caminar hacía el futuro. O al menos controlar nuestros presentes. Arrojando de una vez y por todas por la borda toda aquello que estorba; las excusas, las trampas, los espejos falsos, aceptándonos tal y como somos. Rodeándonos de gente que nos ensancha la vida. De actividades emprendedoras hacia el mundo de la cultura, cultura activa, como me gusta llamarla.
Paré entonces mi caminar, me apetecía fumar y dejar de pensar. Paré y descubrí lo iguales que somos todos. En las alegrías y tristezas. Sentí la brisa del día en mi cara, sentí la mirada agradecida de aquella mujer, que tal vez sólo existía en mi pensamiento. Sonreí. El día me era favorable. Ella me acaba de sonreír.
Peatón
P.D. Conocernos bien. Dejemos a un lado el miedo a mirar dentro de nosotros, y afrontemos la necesidad de saber cómo somos: nuestras ilusiones y ambiciones, limitaciones y miedos, quién quiero ser, cómo me ven, cómo me veo...


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