¿Pasa la vida...?
“Estas cosas que nunca sucedieron existen desde siempre”.
Pasan los días y la vida sigue ausente. No llega aún la vida. Dónde quedaron los afectos. Pasan los días y cada vez me alejo más de mí. Ubicado en los límites de la palabra, el mito como refugio y la casa de la soledad.
Pero me queda la ausencia. Ausencia preñada de memoria de pasados. Memoria patria del solitario. Qué frágil es la vida al paso del tiempo. Quién me proporciono el nombre de todas las heridas.
Esa extraña relación con la divinidad, el mundo mágico, el sentimiento de culpa, y la búsqueda de la verdad como forma suprema de felicidad. Nada es real, todo acaba, todo empieza, y un tiempo extraño que me niega la vida. Cárcel perpetua del poeta errante.
Mi único consuelo es saberme acogido por una irrealidad que, teniendo en cuenta la materia de los hechos, los supera en profundidad y sentido. Yo sigo creyendo en “Navidad”. Y ahora necesito penetra esa otra realidad, verdadero motor de mi vida. Y de una vez para siempre abandonar los bosques encantados. Allá donde la vida sea presente y duela poco. Allá donde la tierra siga oliendo a lluvia. Allá donde una compañera de viaje me llame por lo que soy y sepa pronunciar mi verdadero nombre.
Entre lo que veo y escucho, padezco y vivo, y ese otro lugar no evidente intento escapar del laberinto mitológico. Todos necesitamos una manera diferente de mirar las cosas. Yo necesito recordar la imaginación. Es urgente. Alejarme del mundo y atrapar la vida.
A veces pienso que no soy más que la lágrima de un sueño eterno. El sueño de la vida. Puede que me dieran la vida, pero erraron el tiempo, estoy seguro.
La caverna ha vuelto y esta vez sin sombras, el mundo se estremece en un quejido. ¿Quién ha dejado de soñar el mundo?
No pasa la vida, pasamos nosotros. Y pasamos soñando y soñando…
Peatón
P.D. “No hay ni ha habido nada importante en esta vida (destino, amor, amistad, felicidad) que sea racional, racionalmente elegible o dominable: ni la vida misma, ni la llamada a ella, ni la muerte”.

