martes, septiembre 30, 2008

Galopa corazón, galopa...

Galopa corazón, galopa…

Y si fueran estos los finales, y si no quedara más tiempo, no lo sé, pero tampoco quiero saberlo. Mi vida, ¿a quién le importa ya? La vida, ¿la vida? Se derramó por mis brazos. Siempre lo supe; el tiempo no era mío. El extraño, así me sentí siempre, en cualquier tierra que pisé. Galopa corazón, galopa, se nos hace tarde.
Voy al país, lo supe siempre, donde se forjan los sueños. Quiero mi sueño, anhelo esa patria; lo que me contaron, lo que me hicieron vivir, incluso antes de nacer. No me detengas cordura, no me detengas realidad, o llévame para siempre. La patria de los que nunca se rinden, de los que saben guardar silencio. Galopa viento, galopa, llévanos hacia el aire.
Voy de virgo a virgo, y sin constelación otra que me reconozca. Vía Láctea de mis pensamientos, espirales de galaxias, batallas y guerras y galopo hacia el triunfo de la patria única de los sentimientos; nacer y morir, banderas de mis existencias. La eternidad es sólo un peligro invisible. Galopa deseo, galopa, la cima está cerca.
Nunca más; ¿De qué hablaré mañana? No más Juegos Píticos. Qué loco llamó a la guerra “sagrada”. Guerra, de amor o no, nunca será sagrada. Qué campos descubrí sino los del desamor. Laberintos de adioses encumbrados. Cantos de Sirenas de los Desencantos. Cabalga ilusión, galopa, llévame al futuro.
Si la noche nos alcanza, si las estrellas nos niegan el saludo, siempre nos quedará Venus. El origen de la luz, la voz, el viento, la palabra que regenera. Atrás quedaron los bosques del mal, atrás las sombras, los bosques cerrados. Galopa sangre, galopa, nos queda la vida.
Cielo abierto, estrellas fugaces iluminando caminos, la osa menor hermanada a la osa mayor, nos indican dónde están las puertas del único y verdadero amor; el origen de la pasión. Y los fuegos, de las miradas enamoradas, hacen estallar la forja de los sueños más remotos. Galopa mente, galopa, pronto el reposo del guerrero.
Amor, ya llego, amor, espera, soy yo, te amo. Amor cabalga conmigo sobre la crin de esta ilusión, súbete a esta estela, tú y yo, nosotros, y el país del amor. Cabalga amor, cabalga…pronto el día, Ella y yo.

Peatón

P.D. Siguen llegando a mi playa peces multicolores, huyendo de falsos amores...

miércoles, septiembre 17, 2008

Dolor...

Y dices, y quieres decir, pero ya no sabes qué, ni a quién, ni cómo…

Vivir en esas circunstancias, imagino yo, debe ser un infierno. Aferrarse a los instantes que sólo suponen “algo de vida” (no entraré en detalles). Que te posee, que te destruye. Que te abandona a la suerte de las aventuras. Atados a las transgresiones sucesivas, en busca de no sé sabe bien qué. ¡Qué amargura de vida! Ha pasado otro día y ni siquiera has sido consciente del tiempo, de las horas, de los momentos, te has limitado a ver pasar como el sol dibuja un arco, en un vacío insufrible que te hunde más y más. El grito es un alarido; “¡desnáceme!” El espejo, aquel donde te mirabas, el espejo de tu verdad se ha hecho añicos, y en cada pedacito buscas una excusa por cada asesinato de tus tiempos muertos. Te has ido, y no sabes porqué ni a dónde.
¿A qué le llamas vida? No, no me lo digas, no quiero saberlo. Un camino, ya no hay polvo. Titubeas y te derrumbas. Huyes, no la verás más y el dolor se niega a abandonarte. Pero debes regresar, por mucho que duela, al calor de la calma. Aunque te duela por brotes la existencia en esos momentos. Y loco de mí salí a escribir el mundo. En busca del caballo del olvido. ¿Qué puedo añadir? Triste como la ausencia, y sigo de pie. Y el pulso del corazón se acelera.
Érase una mujer…y cierras los ojos, aprietas los dientes..y callas..y sientes que el silencio se encoge. Pero el corazón aguanta, no se rompe y prolonga la existencia. Y estás seguro que las mariposas siguen volando, sólo que ya no puedes verlas. Hay muchas clases de vida, necesitas que te lo afirmen. Cómo ibas tú a saber que en ella estaba escondida el alma de tu vida. Que no te importe, que no te importe lo que pasó, y sigue recordando, sigue, sigue…. Tal vez, cuando la luna, venga a salvarme de este lago de desolación.
¿Qué distancia habrá al techo de la vida? Cómo se sale de la noche de los pensamientos. ¿Podré salir? Pero, algún sonido habrá que ordene las ruinas. Una simple voz que te llame, pues ni el viento cree que existes y te traspasa. Crees que en tu infancia, fuiste ave, estás seguro. Lo has recordado, a golpe de vientos, de mares, para alejarte de estas brumas. Y en este mar nuevo buscarás caracolas que te lleven al eco de la vida.
Nunca te gustó el mundo carente de sonrisas. Un mundo que mata poetas y asesina inocencia. Destino, llévame al mar, al fondo, quiero ser “pastor de algas, de peces y corales”. Destino ¿existe la vida?

Juan Antonio

jueves, septiembre 11, 2008

Aclaración

Se debería materializar el milagro que siempre soñé. Si quieren que me quede, claro está. Acostumbrado como estoy a mis silencios, cómo cuesta explicarse. Si nadas en los mares de la supervivencia, cuando te encuentras con esa gente que sólo sabe nadar en aguas de errores, es difícil la comunicación, lo comprendo, pues suponen que tu voz aireó cuanto ellos secretan, y no es así.
A mí se me dio la voz para preguntar y en la medida de mis posibilidades, para contestar cuando me solicitan alguna valoración o información sencilla, ¡qué más da! Lo primero que aprendí en esta vida fue; ¡tanto tienes, tanto vales! Y llevo luchando 55 años, casi, en contra de esa sentencia, pues yo suelo decir; se trata de ser.
Diferentes paisajes me confundieron, todo hay que decirlo. Pero tarde o temprano la verdad flota. Y sí de algún error estoy convencido es de mí mismo. Yo soy el error. Claro que también soy un proyecto y como tal intento superarme a diario. Sin dejar de ser ese chiquillo que siempre fui.
De qué sirve el odio, el rencor, la difamación, no, no quiero nada de eso, pasar página y seguir caminando. “A veces, ante la mala manera de ser de los otros, uno se siente orgulloso de ser uno mismo y no otro.” Pero insistiré en la buena educación, y que todos tenemos derecho a una nueva oportunidad. Sea cual se la culpa, salvo raras excepciones, lógico.
Como existe el bien y el mal, existimos los buenos y los malos, y en medio muchos matices. ¿Quién se salva? El que esté tan seguro, que tire la primera piedra. No, no creo en la perfección, y menos en aspirar a ella. Pero si creo en “vivir”, pues no sólo basta con existir. Me lleve donde me lleve la vida, miraré o no atrás, pero mi certeza es que mantuve aquello que pensé en lo más hondo de mi corazón.
No sé de cuentos y siempre me sentí cuentero. No sé de amores y me sentí amado y amé, incluso, algunas veces, hasta rechazado. Pero, seguí creyendo en el amor, sin excusas, sin pretextos, o amas o no, es así de sencillo. Padecí dolor, llanto, alegrías, vivencias, ausencias, despedidas, encuentros y desencuentros. Pero nunca necesité justificar absolutamente nada, la verdad es así, no necesita de mentiras. Y valoro por encima de todo la amistad, si es incondicional. Y en mi propia piel comprobé que existe.
Exigimos, creo yo, lo que nunca estamos dispuestos a dar, y lo hacemos como una defensa. Por si a alguien se le ocurre pedírnoslo. En mi caso es sencillo; nunca aprecié tanto la libertad que cuando sentí que mi corazón dependía de otro. Buenos modos, educación, respeto, solidaridad en la medida de lo posible. Y ¿porqué no? Sonrisas que decoren nuestro día a día. Aunque de vez en cuando sea bueno enfadarnos un poquito..

Juan Antonio

P.D. Para todos aquellos que alguna vez creyeron en el amor y sin saber porqué se alejaron al país de “las torturas propias”. Y si me lo permiten, a la isla donde se justifican todas las bajezas humanas.

sábado, septiembre 06, 2008

Y me dejó..

"Y me dejó
viviendo
en soledad,
sin ella."

Es cierto, mi voz suena herida desde mi cuello, y no hay piedad para mi nostalgia. Ahora lo sé, fui un explorador de una metáfora secreta que por unos instantes habité su nombre. He perdido de nuevo, lo confieso. Comprendo ahora, ahora sí, ahora que lo escribo, que no quisiste mi amor, nunca lo quisiste, quisiste el amor de aquel inexistente. Y hube de resignarme a no salvarte. Cuando te perdí supe lo mucho que te amaba. Y hube de reconstruir mi pensamiento; se merece algo mejor. Pero esto no consuela más allá del instante en que lo escribo.
Nunca supiste vivir "entre nosotros". No, no supiste. El abismo que nos separaba era la proximidad, ¡cuánto te amé en las distancias largas! Qué de sonrisas me inventaste. Cómo me creí el amor contigo. Y ahora sólo puedo hablar de un amor que sólo fue al perderlo.
Es tan imperfecto lo que escribo, que me den unas manos temblorosas, una hoja muerta, un paisaje de esperanza, que me devuelvan la vida, pues en este camino que ahora me ocupa no existe señal alguna. ¿Dónde habrá una ilusión erguida? Pero conservo el tacto de tus manos, tu manera de decirme, tu manera de no decirme, tu mirada...el reflejo de todo lo que fue y no fue..
Verte de nuevo..sentirte..y olvidarte a la vez..Pero no fue un sueño, yo tuve un amor muy cerca del mar...

Juan Antonio

P.D. ¡Qué cierto es! El amor es cosa de valientes...

viernes, septiembre 05, 2008

Heridas incurables...

Qué extraña herida la de; "otra vez"

Pero no basta con acabar con el monstruo, sin que también hay que exterminar su linaje. Ciertas heridas son icurables. Asumes, tarde o temprano, que son y serán tus compañeras de viaje. Esto va para los que aún conservan sangre en sus venas. Para los demás no. ¿Quedan? Para los que son capaces de contestarte con un "otra vez". Y por mucho que se te arrugue la frente, no te queda otra que aceptar a los unos y los otros. Claro está, dentro de un paisaje ecléctico, transversal, saludablemente plural y, proqué no, democrático. Si supiesen algunos la de veces que silencié yo un "otra vez". (sin comentarios).
De nuevo aquí, en la bendita porosidad de las palabras sin dueños, plabras que nunca me engañan, intentando una historia, otra más, para entender mi ficción. Que me ayude a resistir, a vivir. Lamiendo aún las heridas con resignada desesperación, buscando una salida. Te aseguro que no sé de qué huyo y puede que esa sea la mayor de las heridas. Si al menos lo supiese. Soy un hombre sin sosiego, perdido entre el pasado que ya no existe y el presente en el que no acabo de encontrar mi lugar.
Siempre padecí de memoria sentimental, de reflexiones filosóficas. Y me inventé un tiempo (mental) libre, elástico, caprichoso. Yo soy una curiosidad insaciable, una mente obsesionada por comprender.
Y ahora que el perímetro de tolerancia habitual de mis "pasados" se estrecha, creo que lo único que quise fue; "tocar lo que nunca nos defrauda". No, no tengo miedo a recordar, ya no. Fueron verdades a destiempos, incontenibles, insostenibles, terribles, turbadoras, las que me hiceron entender que habiendo nacido para el amor, me estaba devorando una honda tristeza; el engaño. Y no sé porqué ley de gravedad, no acaba de reconocerlo.
Amo lo que ensancha el gusto, lo que despierta curiosidades, comentar ilusiones, proyectos, fracasos bien entendidos. A veces, me dejé guiar por el instinto y conjugué pasiones humanas. Aprendí a aceptar un "no" y a luchar por un "sí".
No existen los cuentos de nunca acabar. Todos los cuentos tienen principio final. Unos acaban bien y otros mal. , independientemente de sus principios. Como el amor, por ejemplo, que nunca acaba por donde empieza. ¿Otra vez? Qué manera más simple de construir una frontera. Son los que en un momento dado te rogaron una valoración sobre lo político, los social, lo económico. Incluso sobre el amor.Pero que jamás aceptaran haberlo solicitado. Lo sque compran un libro, el de actualidad, pero no se atreven a abrirlo, por miedo a ajar sus páginas.
Te digo, con la soltura que da la seguridad de tener voz propia ( yo sí la tengo), "que la libertad es otra verdad y va contigo. Ser libre es estar solo, o con alguien que, a lo más, nos refleje." No te preocupes soy de los que se llevan sus astros a su secreto. Viendo la vida a la orilla del mar, me propongo leer, de nuevo, el poema de Gilgamesh, sí, sí, ¡otra vez! "si yo pudiese desnudarme como lo hacen los nervios.."

Juan Antonio

P.D.
"Porqué habrá siempre límites al fondo.
Al fondo no tendría que haber nada:
vía libre,
y poder decir que sí,
un sí tremendo".

jueves, septiembre 04, 2008

Miedo a las repuestas...

Me tocó vivir, sin saberlo, que iba dejando la vida atrás. Dime, amiga mía, para qué el hombre, para qué la vida. No, yo no me busco las desgracias (no siempre), éllas vienen solas. Y fue precisamente en "ese atrás" donde me hube de ubicar. Claro está, hasta que aprendí a decir que no. Amiga mía yo te sé, por eso te recuerdo.
¿Miedo? Existe nacer, y según me contaron también morir. Pero entre nacer y morir maduran las cosas, incluso el miedo. Te ofrezco una sonrisa. Pero, no te puedo decir que todo está en paz, la vida, el mundo. ¡Cómo duele el dolor! No te preocupes, "me he bañado en muchos mares y sigo sin ser agua". Tú y yo que tanto sabemos de mareas. ¿Oyes esa musica? Como el sonido del mar, pues ese sonido es tu corazón y el mío que laten como las olas mientras nos pensamos. A mí con saberlo me basta.
No sé lo que me retiene, no, no lo sé. A veces pienso que es esa manía mía de creer que nací para hacerme amar. Que cada vez que soñé me quedé dormido en los brazos de las ilusiones. Son tantas las cosas que piensas cuando no quieres pensar. Tal vez sea que aún recuerdo la imagen de mi abuela paterna y sus "decires". Quizás el amor, que no supo o no pudo madurar en mí. O que aprendí que el dolor es sólo de uno, así como que las alegrías, hoy en día, se me antojan unas invitadas, y además de paso.
Algunos salen a escribir el mundo y yo salí a vivirlo, No tengo otra teoría sobre la vida; ser un hombre de buenas constumbres e intentar seguir trabajando. Y es que yo no salí, creo que a mí me empujaron. No siempre son tristes las ausencias. Guardo en mi corazón tantísimas cosas bellas. ¿Miedo? Yo lo acepto porque me lo dices y esa es tu verdad. Amiga mía (sonrisas) en estos casos son las estaciones las que se acomodan a la tierra y no al revés. Un día, si tengo aún tiempo, te escribiré una carta sobre las estaciones de las emociones. Aún sigo sin saber a qué tierra pertenecen las mías, a menos que a mi corazón le llame "patria".
Decía Apollinaire; "ni siquiera han ahorcado a quienes no supieron aprovechar su vida". Tampoco creí, ¡Nunca! Que la vida fuese una mera sala de espera. ¿Serán estos los comienzos? Hacia un lugar que sea lo más parecido a una biblioteca, bibliotecaria incluida. Donde yo terminé y comencé a amarte. Entre tú y yo ¿la vida es un patio? Y ahora he de dejarte, me propongo escribir mi renacer.

Juan Antonio

P.D.
"Érase una mujer
que bajo una implacable, incesante lluvia,
se esforzaba todavía en limpiar
la barandilla del balcón de su casa,
con una balleta mojada".

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