jueves, marzo 26, 2009

Al otro lado de la vida...

La imagen que reflejan mis ojos pertenece al espejo de otra vida. Sigo pensando que debe existir otro lugar, que no sólo sea el momento efímero de afectos pasajeros. Ni tan siquiera el de los recuerdos. Sigo pensando en qué me he podido equivocar. A mi nadie me enseñó a articular la agonía. Se perdió medio siglo y cinco años más que me regalaron. Pero, no hay que echarse a morir, hay que levantarse a vivir al modo que las circunstancias te lo permitan. Hoy los sueños se me antojan agrestes y la palabra se niega a volar. Heredé lá pasión sublime y la ternura de un ángel de luz, pero mis manos conocen todas las fiebres. Debe existir, lo pienso ahora, algún lugar donde te enseñen a mendigar, me propongo a decubrirlo, me perfeccionaré en mendigar el día venidero. Son las doce de la noche, acaban de izar el amor. Pero el cuervo negro también hoy se ausentó.
Necesito que venga alguien y me reproche, que me reproche todas las mentiras de mundo, para así poder justificar mi lamento. La experiencia de la vida debe ser eso: "saber que te equivocaste y no adivinar nunca en qué". ¡Qué extraño! Uno se muere en los sentimientos más simples. ¿Qué será lo que habita el hombre, lo que le da forma, lo que lo define? La nostalgia apena si toca la carne, pero, mortifica el alma. Uno se va a morir a solas, lejos de lo que uno fue o creyó ser. Sólo pedí un hueco en la luz, no en la oscuridad, pero las sombras existen. ¿Adónde es que estuve hoy?
Renacimiento equivale a "renacer", Giorgio Vassari se equivocaba, el hombre "remuere" a diario, se pasa la vida remuriendo. Aquí no existe más que esta vida, el camino es sólo uno, de nacer a morir. Nos pasamos la vida preparándonos para el último viaje. Yo no soy lo que he visto ni lo que he vivido, yo soy el otro lado de la vida. Esta noche mis versos tiemblan de muerte y olvido, sólo soy un olvido que crece.
Deben existir horas que suenen y que sean mías. Un tiempo que me conduzca al espacio soñado. ¿A qué velocidad se alcanza lo imaginado? En esta noche la gaviota canta, se alejó de sus mares, supo de mi pena y vino a darme consuelo. Los objetos pasan como un río: voces que piden ser oídas. Quizás sea esta la noche donde tenga que oírlo todo. Me arrastran mis errores hacia el nudo corredizo del destino. La humildad es desmedida y creo que justa. Qué visión más nítida la que me anuncia que la vida es mi error, la muerte mi error, mi error.
Necesitaré un poema para alumbrar el lado oscuro de mi alma. Sudor. Vino. Jadeo. Mi cuerpo. ¿Hay que saber perder? Si yo pudiera elegir lo que me salva. Soy el pintor de las imágenes que soñé y que jamás alcancé. Nunca supe muy bien qué hacer, sino seguir siendo fiel a mis pensamientos. Un hallazgo inesperado: me fui, tal vez a una historia diferente.

Juan Antonio

P.D.

" Se han deshecho las palabras
y andan sin rumbo
buscando mi nombre
en las voces de la calle."

lunes, marzo 23, 2009

Atrapado en sí mismo

Pasan los días, que no la vida, y el sueño sigue encriptado. El tiempo me ha debido dejar en no sé qué lugar de mi no-existencia. No consigo recordar, han desaparecido los decorados estructurales de mis circunstanias, y una leve desazón me avisa que siempre queda "irse". Pero, irse adónde. Morir debe ser como olvidarse uno por completo. Olvidar todo lo que un día llegaste a ser. La única impresión, ahora, es el día a día, esperando que tarde o temprano llegue esa luz que me indique el final del túnel. Y el cielo sigue enviando señales. Pero, en esta ocasión la realidad supera todas mis ficciones. Formo parte de ese sueño que soy yo mismo. He apurado cualquier posibilidad de reconstrucción, sólo queda la supervivencia. ¿Qué significará esperanza? Imaginé la ayuda, esos medios que allá arriba te envían, pero no consigo sino la espera, lo dije antes, ya no sé qué espero.
El sentimiento de preocupación cada vez es más fuerte, en cinco meses he debido envejecer como lo hubiera hecho en cinco años. Cualquier muestra de afecto, por leve que sea, me provoca un mar y la despersonalización es tal que existen momentos en los que no recuerdo mi nombre. Jamás tuve tanto miedo, como ahora, estando a solas. A solas conmigo mismo. ¡Qué lejos de quien fuí o llegué a ser! No existe culpabilidad alguna, mucho menos rencor, ni resentimiento alguno. No regreso a ninguna parte. Lo sé, la mentira es poderosa, corroe, oxida, destruye. Y en la verdad lo único que te queda es esperar que en cualquier otra hipotética vida, se sepa la verdad, que todo se sepa, o que todo se olvide.
La soledad, la que me ocupa en estos instantes, es callar, callar lo que no consigues contar a nadie, y para mí sigue siendo mi única realidad, mi única verdad; lo que siempre callé, lo que jamás contaré. Quien dijo que la distancia fortalece el amor, se equivocaba. Yo no consigo recordar cómo era vivir acompañado y mucho menos qué significa "estar enamorado". Morir debe ser como despertar de este oscuro sueño donde todo me ocurrió al revés de como yo imaginaba.
Mis folios ya no son blancos sino amarillos. Deben existir tierras entrañables, estoy seguro, yo las soñé en mis sueños. Tierras sembradas de buena gente y buenas costumbres, de sudores recios y antiguos, donde en primavera broten sonrisas, y árboles de alegrías, vientos de sosiego que calmen.
He llegado a pensar que no soy de aquí, que esto no es más que un examen, el cual creo que suspendí de la "a" a la "z". La imaginación me susurra, no obstante, que tal vez consiga un aprobado justito, que el que inventó todo esto no es tan severo. Aquí me tienes, a mis edades, esperando la nota final. ¿Son así los finales? Aún no lo sé, por si acaso he dejado mi alma en las orillas del mar y mi cuerpo se baña en los vientos. Desnudo, como siempre me gustó y por único equipaje, mis pensamientos.
La libertad debe ser otra verdad, y no va conmigo, no va conmigo. Ahora lo comprendo, ¡yo soy el sueño! Hay minutos, segundos, que justifican una vida. Si yo pudiera expulsar de mi pena todos estos fantasmas, si yo pudiera. Ver para recordar, hacer para comprender...

Juan Antonio

P.D.
"Soñar, para exultar. Amar,
para morirnos bellos".

martes, marzo 10, 2009

Vivir entre los demás...

Tal vez sea eso, que nunca supe vivir entre los demás. No esconder nada, decirlo todo. De "decires" vivimos, ajustándonos mentalmente a las acciones posteriores. El hombre no es lo que dice sino lo que hace. Cielo, infierno, y vida. Y esa voz interior que nos guía, aunque, a veces, nos destruya razonablemente. ¿Quién no ha padecido alguna vez de un íntimo lado oscuro? Los puntos vulnerables de mi existencia se resumen en esta frase; "demasiado corazón". No se trata de lo que aproveché o desproveché, sino de lo que amé o dejé de amar. Puede que sea cierto, que me quedase dormido mirando el tiempo y no supiera de aquellas luces que morían en las esquinas.
La maravilla del detalle amoroso, la fragilidad del silencio enamorado aunque te sepas correspondido o no, lo inalcanzable, lo imposible y el corazón escribe sus historias con su propia sangre. Recuerdo lugares donde sólo hablaba el amor, ¡Esa maravillosa y breve espera! Paraísos que marcaron toda mi existencia posterior. Qué derroche de sentimientos. Sigo pensando que economizar en términos amorosos debe ser como suicidarse a diario. En la vida es necesario buscar lo que uno es, lo que puede ser, lo que realmente desea ser y llegar a ello por las vías de la existencia asumida conscientemente.
Nunca tuve tiempo para mí, ahora lo sé, salvo en los momentos de las tristezas y soledades. Es cierto, los abismos existen, forman parte de la realidad. Aún y así mi gratitud seguirá siendo infinita hacia las personas que amé y me amaron. ( me he permitido suspirar) No sé si la voz suena herida, no sé si habrá piedad para mi nostalgia, pero sigo empeñado en salvar a quien pueda y se deje.
¡Cómo me posee hoy la noche! Mis ojos huyen de la oscuridad, me dejo llevar, mi duende interior se niega, esta noche, cualquier disfraz. No siento ya el frío y nadie me explicó cómo se detienen los tiempos. La herencia de mis mayores es más vital que nunca. Ese afecto caluroso de abrazos, de sus abrazos. No, nunca odiaré, me niego en rotundo. Soy y seré siempre hijo del verbo amar.
Hay quien se pasa la vida imaginando el mejor de los finales posibles. Mi caso es distinto, ni osé pensarlo. Todas las sombras que desfilan ante los ojos de mi corazón, esta noche, no son más que mi propia vida; caminos de amor, encuentros y desencuentros. ¿Qué deja al descubierto la mayoría de nuestras pasiones? La dulzura de una pasión que se promete eterna. No, no añoro, pero reconozco que padezco de ausencias. Yo soy el pasajero del fracaso de mi vida, pero también te digo, que conmigo y como compañera, siempre; la sonrisa de una mujer enamorada.

Juan Antonio

P.D.

"Había una ilusión erguida
sobre la tierra
a sus pies yacía la vida."

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