Yo no sé gritar...
Todo está dormido
A punto de despertar
Desde este paisaje te escribo
Y es que a mí,
Nadie me enseñó a gritar
El incansable látigo de los lerdos, idealistas y sentimentales. Se repone enseguida. Se burla de su propia emoción y dicta el remedio para esa patria suya que duerme, como la bella del cuento, el sueño de la resignación. ¿He superado el egoísmo? ¿Soy yo el efecto de tus pensamientos?
Al fin y al cabo poeta. Un pensador adelantado a su tiempo, un renegado de las escuelas y tendencias. Que no soporta la hipocresía y que a las cosas las llama por su nombre.
Que duda de las órdenes de Dios, pero no de su existencia. Siente conmiseración por el hombre, pero ensalza lo sagrado de la vida humana.
Se contrabandea por la vida y encuentra en las mujeres el único subterfugio del antídoto, por que necesita amor y el aburrimiento puede matarlo.
Sencillamente, no lo sé. Sencillamente yo y el verbo amar....
¿Y tú?
Peatón


<< Home