"En el amor uno vive inmerso en un bello terror"
Pensando en ti....
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Cuando la mar está en calma, cuando aún no soplan vientos pero sabes que de un momento a otro te pondrás a navegar, esperas vientos y no sabes de donde vendrán. Vientos que nos hagan desplegar velas, pues al fin y al cabo lo que nos importa o nos ha de importar es navegar.
La mar en calma nos dice de la existencia pero también nos avisa que la vida está ahí, esperándonos, dispuesta a abrazarnos con sus tentáculos.
No basta una mar en calma ni la nave que nos contiene, queremos emociones, sensaciones que soplen y nos empujen mar adentro. Queremos vivir, queremos navegar y el misterio nos atrae como un imán, nos arrastra hacia ese más allá desconocido, ignorado y a la vez deseado.
A veces llegan vientos, pero no nos atrevemos a desplegar velas y a través de mil excusas decidimos esperar vientos mejores. Ese viento, el que nos empuje, ha de ser el que siempre habíamos soñado. Y le exigimos la sorpresa, que en uno de sus golpes rompa amarras, se suelten las velas y la nave sin nadie al timón se eche a la mar de los abismos.
Que cada ola sea una nota distinta, que cada viaje una nueva perspectiva, no existe el tiempo y nos deslizamos en los gestos de esas constantes y melodías. Mar adentro, mar adentro, sin volver la vista atrás.
Es cierto cuando dicen que el amor debiera acabar por donde empieza, es cierto. Esa isla “Itaca” que tan solo existe en el centro del sueño de nuestros sueños.
En cierta ocasión deslicé mis ojos por el mar y mi mirada se detuvo por breves momentos en el horizonte y de mis labios escapó un suspiro ¡ay amor! ¿Dónde estás? Y reanudé el camino. Después…. Pasado mucho tiempo……… muchísimo tiempo, y cada vez que miro a la mar, le digo:
¡Ay sueño mío que una vez me hiciste suspirar!
Peatón


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