La primavera se inicia tranquila
La primavera se inicia tranquila
La tarde y el domingo son primaverales. Por fin se extinguió el invierno, aparece el deshielo y con él de nuevo la vida. Adolezco de ausencia de mí mismo y en estos, de nuevo, principios, me necesito como nunca. Y como todo ser humano tengo necesidad de dioses. Hoy siento la perspectiva de la mirada diferente. Hoy siento el espíritu sosegado. Renacer a todas las vidas. Y por cierto, hoy nos roban una hora.
Torrente de amores, extraños tiempos, demasiadas mudanzas. Y a la imposibilidad de toda posibilidad yo me sigo enfrentando. Como el inquieto buscador de evidencias que enfrenta siempre la lógica del sentido común a lo tópico y abstruso y que desea reiniciar sus caminos. Espero y deseo que en esta ocasión no sea con la maleta apresurada.
Los lamentos por la pureza perdida de la infancia desaparecieron. De nuevo la pérdida de un amor impuro y la imposibilidad de otro puro. No te sonrías si te digo que yo nunca he querido saber la pena. ¿Son ajenas? Pero, como decía Breton, debemos soñar activamente. Pues la vida es un milagro demasiado corto.
Dicen que el ateo se hace por la decepción, empujado por la desilusión. Creo que en la lista de los ateos del mundo debo andar entre los cinco primeros. Pero también creo que nadie es indiferente a la idea de trascendencia, a esos sentimientos o sensaciones que anidan en nuestro interior y que nos remiten a la intuición de que en la vida estamos para algo más que para procrear y de que, acaso la existencia, con todos sus horrores y dichas, tiene un sentido que la ennoblece, residente más allá del inmediato ahora.
El anhelo de lo infinito sigue en mis adentros. Y la perpetua desazón ante la vida y la muerte se marcharon con el recién acabado invierno. El reencuentro del hombre a su vez “reencontrado” sigue firme ante lo absoluto.
¿De amores? Te soy sincero. “Nada puede hacerla esfumarse y desaparecer. En un momento la siento en las cejas. En el siguiente se vuelve un peso atroz en el corazón.” Nunca una ausencia fue tan presente. Ya me conoces; yo y la mujer soñada. Espero que la primavera que todo lo renueva, limpie también mi corazón.
Quisiera saber, si no andas muy ocupada si pudiéramos bailar “Espérame en el cielo…”
Juan Antonio
P.D. “Todo se puede escribir –es decir, sin hacer nada necio e improcedente- lo que surge en nosotros en forma de escritura. (W.)


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