Cuando declina la tarde...
Mi deuda debe ser de amor o no lo entiendo. Se me exigió dar, sin pedir nada a cambio. Si lo hacía moría, y si no, era un lamento. Amar más allá de cualquier límite conocido. Amar antes y después de nunca haber sido. Se me exigía el silencio, cuando, ya desde niño, mi única patria siempre fue la palabra. ¿Cómo escribir lo que se calla? Cómo callar lo que clama.
Mi deuda es de amor, y sólo yo lo sé, porque todo lo callé, porque todo lo narré. Qué momento sería la frontera entre decir y callar. Ya no lo sé, me muestro tal cual soy, como me nacieron, atrapado en esta otra piel, que algunos llaman poesía.
¿Será poesía no entender nada, perdonar y amarlo todo?
Cuando la tarde declina, yo de ti, tú de mí; ausencias. Los recuerdos se dulcifican. Sólo queda el presente, ¿nos edifica? ( tal vez). Un presente, ni de ayer, ni de mañana, un presente de a dos, que nos vivifica, ( que siempre nos vivificó). Ilusionada esperanza, hija de la carencia, caminos de vida, nos lo enseñaron las sombras. No, no nos bastó la puesta de sol, ni tan siquiera la de nuestras vidas.
Tú y yo lo supimos siempre (sólo los dos) que estas cosas pasan cuando existe el amor. Aliento y motor de la vida, tu vida, mi vida, nuestro amor.
Cuando declina la tarde, la que preñó nuestras noches de futuro y nuevos días. ¡Qué de llantos!, ¡Qué de risas!
Declinando la tarde, sí, tú y yo, y la pregunta es reflexiva; ¿Tú y yo?
Amor, para cuándo nuestro día. ¡Ay, amor! Si yo pudiera tus labios volver a besar..
Juan Antonio

