A la memoria de Miguel Hernandez
De la vida,
y de la muerte tambien,
Compañero,
como nos duele España,
nos ha de doler el mundo entero.
(Peaton)
http://www.youtube.com/watch?v=S1B5TUyp0Zc
Me llego tarde, es cierto, la otra voz de España. Me llego tarde, pero no por eso nunca. Me llego siempre. Me llegaron tantas voces que me ensordecieron. Y hube de buscar la caracola de mis mares para distinguirlas. De la alegria al llanto, de la rigidez de algunos años, a la comprension de la rosa. Fui de tantas tierras, me nacieron nomada, y yo me sentia de ninguna parte. Hasta oir ese canto; poetas que reivindicaban la libertad de las mentes, patrias y tierras. Un verso que atraviesa el alma, un poema que alcanza la totalidad y sus partes; Libertad. Un puño que reclama justicia, y un recuerdo y memoria para la Solidaridad y Fraternidad. Es cierto, a mi, me llego todo un poco tarde.
Me doy por satisfecho, ahora si puedo oir todas las voces del mundo. Distinguirlas, unirlas, hermanarlas. Aqui, en este rinconcito de mi tarde, me atrevo a regalarme una sonrisa. Acabo de oir a mi hermano y compañero Miguel Hernandez. ¿Que sangre llovio en la tierra para que brotase semejante poeta? La voz del pueblo, del campo, del sincero, de la luz entre las sombras, epigono de la generacion del 27, y yo digo; creando escuela propia. Pero, ¿¡que corazon como el suyo!? Campo abierto, cielo ancho, mar sin costas.
Miguel, tu no te fuiste nunca, estamos aqui, contigo y con nosotros, como cuando le cantabas a Ramon Sije, a los Andaluces de Jaen, a los horrores de la guerra. Como cuando me dormias con tu Nana, la de la Carencia; la Nana de la cebolla. Tu pueblo y el mio, tu corazon y mi alma. Tus arboles y sus vientos. Ni la muerte pudo cerrarte los ojos. Nunca te buscare en el numero mil nueve de la calle de los muertos, porque tu sigues vivo y eres, aun, dueño de los vientos. Vientos de libertad que a este humilde y admirador tuyo que te escribe, sacaron de la triste soledad, de las incomprensiones, de las injusticias, y me enseñaste que hay que aprender a mirar y saber perdonar.
A la memoria de Miguel Hernandez.
Juan Antonio


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