El poder de la palabra
El poder de la palabra
Conforme a sus palabras penetraba en un mar donde las aguas a veces eran frias, otras veces tibias, y en raras ocasiones calientes. Decir, hablar, expresarse, era para esta persona, otra manera de mirarse al espejo. Y segun lo enfatico o placentero de las mismas, adivinaba su disconformidad con el mundo y su gente. La balanza de su conciencia. Asi pues los imperativos empezaron a inundarla, y sin ella saberlo estaba a punto de abrazar el mayor de los silencios. Ser un billete de quinientos euros que gusta a todo el mundo, debe ser la peor de las pesadillas. Y aun peor, intentar “caerle bien” a todo el mundo. Y si hay y existe algo necio en este sentido, es esperar a que alguien diga algo, para tener algo que decir. Es decir, ciertas personas, sin razon aparente se condenan al silencio, a menos que no haya nada que decir. Tampoco se trata de aplicar radicalmente el refran que dice; “si tus palabras no son mejores que tu silencio, callate.” Estariamos todos mudos, es mi opinion. De ahi que sin saber como o sabiendolo, emitimos palabras para comprobar si del otro lado existe alguien. En los peores de los casos; el eco de tus silencios.
Siempre he creido en la palabra, en la que regenera, en la palabra viva, que construye paraisos, mundos ficticios, realidades imaginarias, mundos imposibles y no por eso inalcanzables, el mundo de los gestos y detalles diarios, el mundo real, asi como en esa otra palabra que asola bosques, de esta ultima huyo todo lo que puedo. Sin la palabra estariamos aun colgando de los arboles. La palabra ha de edificar o se convierte en un sonido gutural, vacio de contenido. La palabra como agresion, como defensa, como pretexto, como justificacion, como anticipacion a aquello que pensamos nos puedan decir, y que solo existe en nuestra imaginacion.
Palabras que sirven para acercarnos, para alejarnos, para confundirnos, para conformarnos, para amarnos, odiarnos y rechazarnos, unirnos, construirnos o destruirnos.
Para utilizar las palabras, las exactas en cada oportunidad es practicamente imposible, a menos que sean palabras de amabilidad, hube de aprender a escuchar. Y solo escuchando me empiezo a considerar un parvulo entre los maestros de la palabra. Saber escuchar no es tan sencillo cuando uno tiene ansias de decir. Pero antes de todo y de nada, aprendi a leer y a escribir. Y desde la escritura cuneiforme a nuestros dias, han corrido rios de tintas. Algunos, como Socrates, se limitaron a hablar, rechazando la palabra oral. Segun el, de lo oral a lo escrito existen abismos. Lo curioso es que a todos aquellos que realmente tenian algo que decir (con contenido) y lo dijeron en pro de la humanidad, los asesinaron, quemaron, torturaron, sencillamente los mataron. A los que no pudieron matar, les llamaron locos. Quedando como simbolos utopicos o no, de un pasado, que solo se entiende si se contextualiza. Como tambien quedaron otros que al escribir dieron con ello su vida. El poder de la palabra.
Al igual que esas señales de trafico u anuncios que nos hacen a leer a diario, advertencias, prohibiciones, adicciones, imposiciones. Seria hermoso que tambien pusieran otros postes con letreros donde se dijese; “cuide sus palabras, no esta solo”, “ultice lo mejor que pueda sus palabras”. “para un dia mejor, escoja palabras con sonrisas”, “ la palabra; cuestion de comunicacion” etcetera. Es una idea..solo eso, una idea.
Las palabras, mis cosillas y yo..
Peaton


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