Inquietudes
Inquietudes
Parece ser que el mundo tuviera hambre de respuestas, en los tiempos que corren, también de soluciones, ¡qué extraño es el espíritu del tiempo! Historias de desastres que se levantan sobre cimientos de olvido. Se repite la historia sin cesar y el hombre no acaba de aprender, ¿Tan torpes somos?
Yo quisiera que se restituyesen algunas faltas, que se reparasen las culpas, que se salvase, en definitiva, algo del olvido, y que podamos iluminar algunas sombras. Pero, según dicen, los que dicen que saben mucho; "Los desplazamientos de las tormentas son erráticos y lentos".
Vivimos la pesadilla de una anomalía que se inventa un modelo de sociedad nuevo día a día. Capitalismo atroz y la desaparición, paulatina, de lo público a favor de lo privado, sociedad de consumo; la jungla de los necios. Así nos va.
¿Qué o de qué carece el hombre para poder declararse como suficiente?
En medio a la locura y sinrazón terrestre, la insatisfacción y el individualismo despiadados crean espejismos. Pero, lo real del espejismo no es el agua, sino la sed que la finge. Vivimos una pesadilla-ficción. La ficción puede ser un ensueño gratuito o desvarío, o una simple alucinación, pero en tal caso no puede reconocerse sin destruirse a sí misma.
Ni bien ni mal, ni materia ni alma, pero sí devenir, perspectiva. El sentimiento más cruel que pueda sufrir la humanidad es el de orfandad. En el caso real, echar de menos lo que nunca se tuvo, la herida más profunda que se pueda sentir. Y a este mundo le falta una buena dosis de imaginación constructiva. "En lugar de esta imaginación creadora que es la facultad correctriz de la ruta del hombre por la historia, que es la facultad idealista, hemos gozado de la inversa potencia, la de alucinarnos, de imaginar que somos ya lo que no hemos sido ni somos". Ni lacayo ni señores, sino simplemente hombres.
Debo estar lejos del ensayo que salve al hombre, pues una sombra de tristeza me acaba de invadir. Me preocupa este mundo, un mundo inquieto que properante va hacia su propia destrucción, a menos que recapacitemos absolutamente todos.
Hoy, de nuevo, llueve. Y el frío visitó mi fe, y es que yo quisiera tantas cosas para la humanidad, tantas cosas como las que amo, no como las que jamás juzgué, pues no aprendí a juzgar.
Peatón


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